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Massa y Ocaña, ¿con pasaje del gabinete al Congreso?
Néstor Kirchner
Ese movimiento, que anticipa una versión que circula entre funcionarios y legisladores de alto rango del FpV, podría producirse en marzo y tendría como horizonte las legislativas de octubre próximo. Massa y Ocaña serían, de hecho, candidatos top en esa elección.
Massa, que asumió como jefe de Gabinete en julio pasado en reemplazo de Alberto Fernández, tendría como destino de oro un lugar clave en la boleta de diputados. Sólo la probable postulación de Kirchner como legislador por Buenos Aires, lo relegaría del tope de la lista.
Ocaña, cuya permanencia en el staff cristinista fue motivo de especulación dos semanas atrás, también sería figura obligada entre los postulantes K. La ministra de Salud sería la principal figura femenina en la oferta electoral del kirchnerismo en la provincia.
En ese tumulto se filtran otros dos nombres: el del secretario de Transporte, Ricardo Jaime, y el del secretario de Minería, Jorge Mayoral. El primero es una figura emblemática K que parece un imán de imputaciones; el segundo fue sacudido por la crisis en torno a la Ley de Glaciares.
La mención de esas dos figuras aparece, en algunos despachos oficiales, como una señal de recambio que jamás operó con la llegada de Cristina de Kirchner. ¿Y Guillermo Moreno? Intacto luego de sobrevivir a la embestida para desplazarlo que encabezó Massa. Pero hay un artificio mayor que desafía la imaginación y ubica a Massa y Ocaña como candidatos de dos boletas simultáneas con sello K: el jefe de Gabinete la de sesgo peronista; la ministra, una de perfil progresista.
Esa alquimia, que surgió en la sobremesa de una cena de fin de año que reunió a caciques legislativos y funcionarios, supone el regreso de la varias veces desmentida teoría que ubica a Kirchner como candidato a senador por Buenos Aires.
El esquema replicaría el que aplicó Eduardo Duhalde en 2005, que debajo de la candidatura a senadora de Chiche Duhalde, colgó una boleta del PJ para diputados encabezada por Jorge Villaverde y otra del PAUFE, comandada por Luis Patti.
Un sistema de colectora que el patagónico usó a nivel local en octubre de 2007 y le permitió a Cristina de Kirchner sumar por dos, tres o hasta cuatro ventanillas. Lo mismo podría hacer el ex presidente, como hipotético candidato a senador.
Hay un debate y una contradicción sobre ese paquete de variables electorales. Veamos:
Massa y Ocaña son, incluso por encima de Alicia Kirchner, que perdió exposición y niveles de adhesión, los ministros de Cristina con mejor imagen pública. ¿Por qué, entonces, Kirchner los sacaría del staff de su esposa? Una respuesta ensayada en esa charla de trasnoche fue que, como un efecto contagio invertido, la expectativa de las figuras políticas se incrementa a medida que se despegan de los Kirchner. Es decir: como candidatos, pero no ministros, Massa y Ocaña podrían ser más «rentables» en término electoral que con la doble función de funcionarios y postulantes.
El pasado reciente, sin embargo, muestra otra cosa: Kirchner usó, y abusó, del mecanismo de poner ministros como candidatos y siempre -no hay una sola excepción- los mantuvo en sus cargos en parte para que hagan campaña desde el Estado. El propio Massa, en 2005, como titular de la ANSES y postulante a diputado nacional. En aquel turno lo mismo pasó con Jorge Taiana y, el kirchnerismo se repite todo el tiempo, con Ocaña: estaba al frente del PAMI y fue, además, candidata a senadora junto a la actual Presidente. La experiencia más reciente fue la de Daniel Filmus y Ginés González García: los hizo competir en la Capital, siendo ambos ministros de Educación y Salud, respectivamente.
En simultáneo, sobre la teoría de una doble lista K, con Massa y Ocaña como cabezas paralelas de colectoras oficiales, la discusión es si supone o no una ventaja en la obtención de diputados. Se especula que segmentar la oferta electoral entre PJ-CGT y sectores «progres» -donde confluyan la «gauche» K, sectores de CTA, Carta Abierta y grupos que se alejaron- podría ampliar el caudal de votos para el oficialismo, lo que supondría una mayor obtención de bancas. Sin embargo, ese sistema ampliaría el riesgo de una derrota porque dividir el «nicho» podría abrir la puerta a una boleta opositora.
En tanto no haya disputa por la senaduría, en cuyo caso, el supuesto de las colectoras, engordaría las chances de Kirchner. Claro que, además, cualquier alquimia -incluso el de un candidato que exprese, como se presume de Massa, una especie de poskirchnerismo sin demonización del pasado- quedaría eclipsada por la figura del patagónico, quien mejor rankea entre los candidatos K pero, a su vez, el que obtiene en el pelotón K el más alto nivel de «jamás lo votaría».


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