Periodista: ¿Lo tomó por sorpresa el nombramiento?
Maximiliano Guerra: Absolutamente. Yo sabía que Lidia Segni había dejado su cargo, y pese a que siempre uno desea, inconcientemente, ese cargo, por el amor que se siente por el Colón, por su historia, no me imaginé que iba a ser yo el convocado.
P.: Inconciente y concientemente.
M.G.: No tanto, porque la conciencia impone un orden que en el deseo no existe. Yo tengo mi propia compañía, el Ballet del Mercosur. Yo continúo bailando y no quiero dejar de hacerlo. De modo que esta oferta, con la responsabilidad que implica, y el esfuerzo que exige para estar a la altura de esa historia que le decía antes, no es algo sencillo.
P.: ¿Aceptó de inmediato?
M.G.: No, me tomé una semana para decidirlo. Hablé mucho en casa, con mi mujer Patricia Baca, con colegas. Estuve reflexionando muy profundamente antes de aceptar.
P.: ¿Habló con Lidia Segni?
M.Z.: No, no hubo ocasión. Quiero ver en estos días cómo está el Ballet Estable, escuchar a los bailarines. Sé que hay muchas cosas que deben cambiarse. Resolver el problema de gente que la está pasando mal. Voy a traer propuestas de cambio, transformar lo que está mal y perfeccionar lo que está bien.
P.: ¿Cuáles son esos problemas?
M. G.: En primer lugar, por supuesto, el tema de la jubilación. Cuando se derogó la ley que reconocía lo específico del bailarín y sus derechos hubo muchísimos artistas afectados. Un bailarín no puede bailar hasta los 65 años, puede haber casos excepcionales, un Baryshnikov, una Alicia Alonso, pero no son los de la mayoría. Y mantener un cuerpo de ballet con bailarines jubilables pero que, por ley, deben seguir actuando, es completamente perjudicial. Y eso produce, además, un hueco generacional, porque los más jóvenes no encuentran lugar para ingresar a la compañía.
P.: ¿Cómo era antes la ley y cuándo se derogó?
M.G.: El sistema histórico que rigió al ballet del Colón era el que llamamos 20/40, es decir, 20 años de servicio, 40 de edad como límite. El bailarín, desde que ingresaba, hacía sus aportes, y la municipalidad, cuando se llamaba así, pagaba la diferencia y la jubilación salía con el 82% móvil. Eso se deregó durante el gobierno de Menem, simultáneamente a las creación de las AFJP, cuando se estableció la edad de 65 años para todos, incluyendo a los bailarines. Y eso después pasó al ANSES sin ninguna modificación. Ese el único problema. También está la cuestión salarial, las horas extras. Hay chicos que realmente la están pasando mal.
P.. ¿De cuántos integrantes consta hoy el Ballet Estable?
M.G.: Son 103 bailarines, de los cuales hay entre 35 y 37 jubilables.
P.: Pasando al tema de la temporada, ya muchos cambios no podrá hacer.
M.G.: No, por supuesto. Pero me parece una selección excelente. Está la cuarta "Trilogía neoclásica", la "Sylvia" con la coreografía de Frederick Ashton; el "Onegin", una obra que me encanta y que traje yo al Colón, con la misma coreografía que se hará ahora, la de John Cranko, y que será la despedida de Paloma Herrera; la "Ana Karenina" con coreografía de Boris Eifman, nuevamente "El lago de los cisnes"; una gala nacional celebratoria del quinto aniversario de la reapertura del Colón, y una gala internacional en agosto. Además de giras nacionales.
P.: ¿Le gustaría modificar o agregar algo?
M.G.. Lo único que está faltando son las giras internacionales, que hace mucho no se hacen y que me propongo volver a realizar. Un ballet como el del Colón las necesita. Su prestigio debe ser tenido en cuenta en el exterior, ser visto por los poúblicos y los principales coreógrafos del mundo. Vamos a volver a eso.
P.: ¿Cómo compatibilizará su trabajo en su propia compañía con el del Colón?
M.G.: Mi mujer, Patricia, es codirectora del Ballet del Mercosur, de modo que estará en muy buenas manos. Además, yo me propongo seguir bailando, y le aseguro que nunca lo haré en el Colón mientras dure mi mandato en el Ballet. Hay muchísimo talento en nuestro país que debe ser visto en el Colón, y no quiero aprovecharme de mi cargo.
| Entrevista de M.Z. |


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