26 de agosto 2013 - 00:33

Mehta y una nueva muestra de poderío sonoro y musical

El director indio y la orquesta filarmónica de Israel pusieron de pie a un Colón enfervorizado

Zubin Mehta volvió a demostrar que mantiene una comunicación perfecta con sus músicos, producto de décadas de trabajo en conjunto y de la solvencia de ambas partes.
Zubin Mehta volvió a demostrar que mantiene una comunicación perfecta con sus músicos, producto de décadas de trabajo en conjunto y de la solvencia de ambas partes.
Concierto extraordinario. Orquesta Filarmónica de Israel. Dir.: Zubin Mehta. Obras de R. Strauss y P.I. Tchaikovsky (Teatro Colón, 24 de agosto).

Nacidos el mismo año, 1936, Zubin Mehta y la Orquesta Filarmónica de Israel constituyen uno de los equipos artísticos más extraordinarios que puedan imaginarse. El director indio, designado asesor musical de este organismo en 1969 y titular en 1977, lo mantiene en un nivel difícil de superar, y la primera de sus actuaciones en el Teatro Colón (la segunda será esta noche a beneficio de COAS con obras de Brahms y Dvorak y la tercera mañana con Mozart y Mahler), en el marco de una gira latinoamericana, constituyó una nueva demostración de poderío sonoro y musical.

En el programa, dos obras de largo aliento: "Also sprach Zarathustra" de Strauss y la cuarta sinfonía de Tchaikovsky. Con su comienzo místico y majestuoso, que constituye la página más célebre de Strauss (a cuya interpretación sólo podría objetarse el excesivo volumen del órgano), el poema sinfónico logró poner rápidamente en clima al público que colmaba la sala en todos sus niveles.

Mehta mantiene lógicamente una comunicación perfecta con sus músicos, producto de las décadas de trabajo en conjunto y de la solvencia de ambas partes. Por mucho que se lo haya visto nunca deja de asombrar en él su milimétrico manejo de la energía, su gestualidad nunca grandilocuente, la expresividad y la fuerza que transmite su rostro y la vitalidad que irradia su figura.

Si la interpretación de la obra de Strauss había puesto los ánimos de pie, la que Mehta y la OFI brindaron de la "Sinfonía en fa menor" de Tchaikovsky mantuvo el clima de intensidad dramática y la unidad discursiva. Impecables de principio a fin (salvo por una casi imperceptible "pifia" de una de las trompetas), los bronces desplegaron aquí una labor imponente, las maderas cantaron con expresividad (delicioso el solo de oboe en el comienzo del segundo movimiento) y las cuerdas sumaron calidez y una flexibilidad dinámica para cortar el aliento, en especial en los juegos en pizzicato del "Scherzo", más evidentes aún por la disposición de violines primeros y segundos enfrentados.

La tórrida ovación final fue recompensada con dos bises: el vals de "El lago de los cisnes" y un arreglo sinfónico de "Por una cabeza", la pieza tanguera que sirviera también de "encore" el año pasado (en su visita con la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino) y de tributo a la cuna del tango.

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