27 de julio 2015 - 00:00

Mercados sin paz: ahora por baja de commodities

Janet Yellen
Janet Yellen
Es una mano de cal y otra de arena. Un rally de alivio porque se arreglan Grecia y China, y -a la semana siguiente- un tembladeral porque los commodities se derriten, y se hunden las monedas y los activos de los mercados emergentes, y porque Wall Street, en vez de mirar a otro lado se asusta por la corrosión acelerada. Tres masacres lo sobresaltan: la del petróleo, el cobre y el oro. Ver a los mercados de materias primas merodeando los precios de 2009, por cierto, no es un espectáculo edificante. ¿Cuán sólida es la recuperación de la economía mundial si las cotizaciones de los materiales básicos apuntan ya a los valores irrisorios que regían cuando a duras penas se salía de la gran recesión?

China volvió a agitar el follaje denso de la desconfianza. No las acciones sino la economía real. La encuesta Caixin PMI reveló el viernes la lectura más baja de actividad manufacturera de los últimos 15 meses. El único renglón del informe que crece son los inventarios. La producción, las nuevas órdenes de fabricación y exportaciones, el empleo y los precios de insumos y productos vendidos, todos ellos, dieron un paso atrás. No se puede hablar de una caída de la producción industrial, pero sí de una desaceleración que no tiene final a la vista. ¿Crecerá China al 7% como dicen sus autoridades? Difícil, si estas cifras no revierten pronto. Un par de puntos menos es una tesis más creíble.

Cosa extraña: China zarandeó los commodities y Wall Street acusó recibo. Entiéndase que el auge de las materias primas acabó hace tiempo; el índice CRB hizo cumbre en 2011, y cae desde entonces. Que los mercados emergentes no van a ningún lado tampoco es novedad. Ben Bernanke era el mandamás de la Fed cuando en mayo de 2013 anticipó el fin de la expansión cuantitativa -el llamado QE3- y expulsó a los emergentes del paraíso. Sin embargo, Wall Street se abrió paso, volteó récord tras récord, sin extrañar nunca la ausencia de los viejos compañeros de ruta. No hay que engañarse: que los precios de las materias primas sean tan bajos como en 2009 no significa que la actividad económica hoy esté tan deprimida como entonces. La euforia del oro -que llevó a la onza troy por arriba de 1900 dólares en 2011 (cuando ahora no alcanza 1100)- no se apagó por las tribulaciones del mundo. Todo lo contrario. De los grandes males que se vaticinaban -el descontrol inflacionario, la quiebra del sistema financiero o el caos sociopolítico- no se verificó ninguno. Si el petróleo retrocede -el barril de WTI superó los 140 dólares poco antes del colapso de Lehman Brothers en 2008- es porque la tesis del "peak oil" -que postulaba una declinación en la producción mundial de crudo- sucumbió a la bonanza imprevista del "shale" y los combustibles no convencionales. A los 50 dólares actuales, gracias al avance tecnológico y a una gran inversión en nuevos pozos, se bombea una oferta sobreabundante.

¿Qué teme Wall Street cuando expresa temor por la suerte de los commodities? El Dow Jones cayó el 2,8% en su peor semana desde diciembre; el S&P 500 se hundió el 2,1% lo que no acontecía desde enero; y el Russell 2000 bajó el 3,1%. Los daños son severos cuando se revisa el andamiaje de medias y soportes que se perforó como si nada. ¿Cuál es el mal que tanto asusta? ¿Los tropiezos de los commodities? ¿La fragilidad de la economía mundial? ¿Será la irrupción del dólar fuerte? Es la Fed que nos respira en la nuca. Janet Yellen no afloja en su pretensión de izar las tasas de interés antes de que se despida 2015. No gatillará en la reunión de mañana y viernes, pero usará la ocasión para apuntarle a septiembre. Y si ves las barbas de tus vecinos cortar es doblemente sensato poner las cotizaciones en remojo. Porque lo dice el refrán, y porque no habrá ajuste de tasas si la economía -o los mercados- se rinden y piden ostensiblemente clemencia.

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