20 de junio 2014 - 00:00

Mercados y oposición, en pánico por el acto

El 20 de junio no cayó en el mejor momento este año. Por lo menos ésa es la opinión de los jefes de la oposición, operadores del mercado y hasta algún oficialista. Temen que Cristina de Kirchner no pueda controlar hoy en el acto de Rosario por el Día de la Bandera el éxtasis declaracionista que suele acompañar a las celebraciones multitudinarias del kirchnerismo y vaya en sus críticas al juez Thomas Griesa y a cualquier opción negociadora, más allá de los límites de prudencia que piden los abogados del país en Nueva York.

En realidad, esos límites los rompió ya el propio Gobierno en las declaraciones de las últimas 24 horas: mientras Carmine Boccuzzi, abogado que representó a la Argentina en la audiencia de ayer con los abogados de Paul Singer, juraba tener noticias sobre un viaje de funcionarios argentinos la semana próxima para negociar, en Buenos Aires todo el Gobierno estiraba la estrategia del apriete hasta lo increíble desmintiendo esa promesa. Fue un libreto de negociación del que nadie se apartó en la Casa Rosada, pero que comenzó a tener límites imprecisos.

Existen indicios claros (ver nota aparte) que Cristina de Kirchner intenta enfrentar el multitudinario encuentro por el Día de la Bandera frente al monumento en Rosario con un estilo calmo y sin estridencias antibuitres. Sobre la mesa también están las dudas de que pueda lograrlo.

La duda no se centra en el discurso presidencial, sino en el público. El Gobierno llevará a Rosario a gobernadores y barras, pero habrá columnas de militantes (la mayoría) que seguirán el mensaje desde Plaza de Mayo. Con ese armado, donde se concentrará la estrategia de defensa política de la posición en que quedó el Gobierno tras el pronunciamiento de la Corte Suprema en Washington, será difícil para el kirchnerismo no caer en la tentación de avanzar en otro capítulo de la épica antibuitre que ya tuvo avances esta semana en afiches que se pegaron por todo Buenos Aires.

El mercado normalmente no lee la política con tantas sutilezas y por eso huye espantado buscando señales de certeza. "Tienen que suspender ese acto, es un peligro", le decía ayer a este diario un operador que, como muchos, aún piensa que el Gobierno sí quiere negociar, pero que tensa la cuerda en un riesgoso juego que incluye mensajes de guerra a los "holdouts" como advertencias veladas a los "holdins" (término este último que la política puso de moda en sólo 24 horas).

Los operadores tienen en la mira sólo un destino: una negociación que despeje el camino a un pago lógico a los buitres. Lo ven como la antesala de un despegue del mercado. Por eso siguen con desesperación cualquier exceso en el discurso oficial en contra de una negociación en Nueva York. Y hay un punto que une a inversores y a Cristina de Kirchner: el temor a un descontrol de embargos de activos del país en el exterior.

La oposición sostiene la misma receta, aunque las divisiones se instalaron ayer dentro de cada partido. No existe un solo opositor (y en privado casi ningún oficialista) que no sostenga la necesidad de negociar con lo fondos buitre en el juzgado de Griesa y evitar los costos incalculables de un default. Toda opinión en contrario queda para el plano de la euforia militante o la estrategia de presión.

Pero hay variantes que sorprenden. Como la de Sergio Massa que pide crear una comisión bicameral en el Congreso para definir la estrategia a seguir en el pago a los holdouts. Está claro que pesó en esa propuesta la falta de experiencia de Massa en el Congreso, sobre todo en materia de los resultados que han tenido las comisiones especiales.

Otros, como Ernesto Sanz, fijaron posición ayer a pesar de chocar con la opinión de algunos radicales y pidió defender al 93% de bonistas reestructurados, pero negociar ya en el juzgado de Griesa.

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