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Mercosur: replanteos clave para el país
El Mercosur acusa cierta fatiga. En el último año, las exportaciones del bloque cayeron un 9,6%, y especialmente las ventas dentro de la subregión cayeron un 13,1%. Pero esto no fue un accidente, porque ya en 2013 las exportaciones del bloque en su conjunto habían caído un 1% (cuando las exportaciones totales en el mundo habían crecido un 2,4%). Y en 2012 las ventas externas del bloque también habían descendido, en ese caso en un 2,2% (y, especialmente, habían caído un 7% las exportaciones de los países miembro dentro de la subregión), mientras en el mundo las exportaciones totales habían crecido un 2,2%.
En 2014 -en un marco de malos resultados en general para nuestro subcontinente-, las ventas externas del Mercosur mostraron la mayor caída regional en el mundo, pese a que las exportaciones totales en el planeta se elevaron un 2,8% (por lo que no puede sostenerse que ese descenso sea consecuencia exclusiva de un fenómeno mundial). Así, mientras el año último las ventas externas de empresas de América del Norte crecieron un 4,5%, las de empresas de Europa se incrementaron un 1,9%, las de empresas de Asia subieron un 4,9%, las de los países emergentes en total crecieron un 3,3% y las de las economías desarrolladas lo hicieron 2,2%; sólo América Latina y Central exhibió en el mundo bajas en sus ventas externas (2,5%), y esta cifra estuvo fuertemente influida por la caída del Mercosur, porque las exportaciones de los países andinos cayeron menos (sólo un 3,1%), las exportaciones de México crecieron un 4,6% y las de América Central y el Caribe mejoraron un 2,3%.
El Mercosur se encuentra ante dos principales problemas -uno coyuntural y referido al pasado reciente, y otro estructural referido al futuro inminente-: por un lado, el comercio intrarregión está afectado por restricciones que contrarían el espíritu de un acuerdo que tiene desde su origen por objetivo liberar los flujos comerciales entre sus miembros; y por el otro se encuentra ante aparentes diversas posiciones (divergentes) de sus miembros en relación con el futuro y la inserción extrabloque del acuerdo: la revivida negociación por un tratado de libre comercio con la Unión Europea ha puesto a Brasil, Uruguay, Paraguay y a la Argentina ante la necesidad de definir no ya una propuesta para una negociación con Europa, sino una postura estratégica para el futuro institucional del bloque.
Sea que se logra un acuerdo para una posición común al respecto entre todos los miembros, o que se administran diferencias para no lesionar el bloque, el Mercosur avanza ya hacia una mayor apertura (evidenciada ahora por estas negociaciones con la Unión Europea que muestran una reactivación manifiesta a partir de la reunión de las partes a nivel ministerial de este mes de junio, pero que también parece ser una meta estratégica de los citados socios de la Argentina con miras en otros objetivos económicos y comerciales en el mundo).
Para la Argentina se trata de un momento de relevancia especial: el Mercosur es el principal destino de las exportaciones y ha sido la mayor experiencia de relacionamiento internacional (mientras en 1980 la Argentina exportaba a Brasil menos de 800 millones de dólares, en 2014 exportó a su principal socio 15.000 millones de dólares y en 30 años Brasil duplicó su participación porcentual en las exportaciones argentinas).
En 2014, la Argentina exportó al resto del bloque 20.000 millones de dólares (de un total de casi 72.000 millones a todo el mundo), dentro de lo que se destacan unos 7.500 millones de dólares en productos de la industria automotriz, pero también exportaciones de vegetales, químicos (en ambos casos, por más de 2.000 millones de dólares), alimentos elaborados, máquinas y aparatos, y plástico, caucho y sus manufacturas (en estos casos, por unos 1.200 millones de dólares cada uno).
Una apertura del bloque (que en cualquier caso no ocurriría inmediatamente, pero que obligaría a redefinir estrategias de empresas y sectores productivos) implicaría dos grandes novedades: por un lado, la reducción de la preferencia arancelaria interbloque -tal como hoy se la conoce- para exportaciones argentinas, pero, por otro, también alentaría inversiones y permitiría acceder a terceros mercados en mejores condiciones (mientras las empresas chilenas acceden a 56 mercados con aranceles reducidos por acuerdos comerciales internacionales, las mexicanas lo hacen con esas condiciones preferenciales en 50 mercados y las colombianas lo logran en 35 mercados en esas circunstancias; los países del Mercosur acceden a sólo 11 mercados con aranceles reducidos por preferencias surgidas de negociaciones económicas internacionales).
(*) Especialista en relaciones económicas internacionales y director de la consultora DNI.


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