30 de octubre 2013 - 00:00

Merkel, del cálculo a la indignación

La canciller alemana, Angela Merkel.
La canciller alemana, Angela Merkel.
Berlín - Cuando Angela Merkel crecía en la Alemania comunista, recuerda que sus padres se ponían nerviosos siempre que ella hablaba mucho tiempo por teléfono. "¡Colgá! La Stasi está escuchando y están grabando todo", le advertía su madre, según una biografía. Pero en alguna parte entre su infancia tras la cortina de hierro y su llegada a la cancillería de la Alemania unificada, Merkel aparentemente perdió el miedo a las escuchas.

La semana pasada llamó a Barack Obama para pedirle que le aclarara las informaciones de que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) había pinchado su teléfono móvil. Pero la protesta suena vacía a quienes han advertido del omnisciente espionaje de Estados Unidos.

Los críticos dicen que Merkel es ingenua o que finge sorpresa ante sus ciudadanos.

"La señora Merkel es escuchada desde que era adolescente", dijo Frederick Forsyth, escritor de thrillers y excorresponsal de Reuters en Berlín oriental. "Lo único que me sorprende de este furor es que sorprenda a la gente. Cualquiera que esté al tanto de lo que ocurrió en los últimos 30 años asumiría que todas las comunicaciones electrónicas son escuchadas por alguien", dijo.

Antes de la caída del Muro de Berlín en 1989, la penetrante Policía Secreta del Este, la Stasi, tenía 2.000 espías y colaboradores en Berlín y en Alemania occidental, incluido un cercano ayudante del entonces canciller, Willy Brandt. También llevaba a cabo una operación masiva de grabaciones telefónicas para espiar a los alemanes orientales.

De joven en la Alemania del Este de la década de 1970, Merkel, que hoy tiene 59 años, fue tentada por un agente de la Stasi que trató de reclutarla cuando ella buscaba un puesto en la universidad. Lo rechazó, diciendo que no era un trabajo para ella, según reconoció la canciller después a la televisión alemana. Ahora, antiguos criptógrafos de la Stasi trabajan para el Gobierno alemán, según la revista Der Spiegel.

Tras surgir el escándalo de las escuchas, Alemania convocó al embajador estadounidense por primera vez desde que se tiene memoria, la situación más tensa entre los dos países aliados en una década. "El espionaje entre amigos no es aceptable en lo absoluto", dijo Merkel.

El clamor público unió a los alemanes detrás de Merkel, aunque su postura puede ser más que una muestra genuina de indignación, en particular porque anunció que había llamado a Obama justo cuando Der Spiegel estaba por sacar la historia.

En agosto, durante la campaña electoral, Merkel y sus ministros minimizaron lo que sabían del programa PRISM de la NSA tras conocerse reportes que insinuaban que espías estadounidenses pincharon más de 500 millones de llamadas telefónicas, correos electrónicos y mensajes de texto en Alemania en un mes, y que también realizaron escuchas en oficinas germanas y a responsables oficiales de ese país.

"Merkel está fingiendo estar sorprendida", dijo Christian Lammert, analista político en la Universidad Libre de Berlín. "La privacidad es un tema relevante en Alemania y tiene que hacer eso porque de otra manera tendría un problema de credibilidad", agregó.

Michael Desch, experto en seguridad internacional en la Universidad de Notre Dame, sugirió que Merkel, que a menudo usa un teléfono sin seguridad alguna que los expertos habían advertido que podría ser objeto de ataques de hackers, no está siendo sincera.

"Las revelaciones de que Estados Unidos espía no sólo a sus enemigos, sino también a sus aliados, como es el caso de Alemania, demuestra el viejo dicho de que las grandes potencias no tienen aliados permanentes, sino intereses permanentes", dijo Desch.

Algunos altos funcionarios alemanes dan por sentado que sus llamadas y sus correos serán objeto de espionaje. "Cuando sos miembro de un Gobierno, tenés que asumir que está ocurriendo", dijo el vicecanciller saliente, Philipp Roesler, a la revista Cicero.

Agencia Reuters

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