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Michel Legrand y la nostalgia en vivo
Michel Legrand interpretó al frente de la Estable del Colón, y también como pianista solista, sus grandes bandas de sonido para el cine. Una noche gloriosa del Bafici.
A los 84 años, Michel Legrand, uno de los autores de música para cine más destacados de la historia del género, llegó al Teatro Colón para liderar un concierto dedicado a su obra en el marco del Bafici. El programa transitó una selección de sus mayores éxitos, comenzando por la suite de "Les parapluies de Cherbourg" ("Los paraguas de Cherburgo", 1964) que puso inmediatamente en clima al público que colmó el Colón. Luego desfilaron algunas músicas de los más de 60 años de su actividad como compositor para la pantalla junto a extraordinarios directores; algunas de las piezas fueron dirigidas por Legrand, y en otras (como la maravillosa partitura de "Yentl", el film con Barbra Streisand de 1983), el músico francés actuó como solista en piano y confirmó también su maestría como intérprete y su sensibilidad, mientras el preparador Fabrizio Danei llevaba a cargo un trabajo muy prolijo al frente de la Orquesta Estable.
La escritura de música para cine, especialidad en la que pocos alcanzan el grado de maestría de Legrand, exige, entre otras cosas, una enorme cuota de versatilidad. Y la versatilidad es en Legrand un talento innato, como lo demuestra (por poner sólo un ejemplo) el barroquismo sutilmente instrumentado de "Les mariés de l'an 2" ("El aventurero del año 2"), en contraste con el corte sentimental de "Summer of '42" ("Verano del 42") y otras bandas de sonido en las que el autor desplegó estéticas diversas. La soprano Oriana Favaro prestó la belleza de su voz a tres melodías: "La valse des lilas", "Le cinema" y "Wait" (la interpretación más potente de las tres), con el acompañamiento invariablemente perfecto e imaginativo de Legrand en piano.
Compositor sólido, formado entre otros por la implacable Nadia Boulanger, Legrand disemina en algunas de sus partituras dificultades técnicas y musicales que desafían a los intérpretes. La Orquesta Estable fue en este sentido un instrumento perfecto y consciente de la importancia de esta presentación seguramente irrepetible. Por su parte, un público atraído tanto por el repertorio como por la posibilidad de tomar contacto directo con el autor de melodías tan amadas agradeció cada interpretación, "perdonó a Legrand algunas lagunas de memoria en sus distendidas alocuciones y lo ovacionó en cada oportunidad.


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