Michetti: oferta nacional perfora el frente del oficialismo porteño

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Mauricio Macri se resiste a desprenderse de Gabriela Michetti. La propuesta para nombrarla su delegada en la disputa nacional, como parte de un acuerdo con el PJ anti-K, vía Eduardo Duhalde o Felipe Solá, se topa con una alerta: la dirigente parece esencial en la disputa porteña.

El jefe del PRO rastrea una estrategia -también un discurso con algún grado de solidez- que justifique su descenso a la Ciudad, a buscar una segunda gestión, sin desmarcarse de la batalla nacional. En la práctica, eso implicaría asumir al PRO como un partido de distrito.

Esas obsesiones demoran el anuncio oficial. Tiene bosquejos, pero, a la vez, le resulta difícil encontrar un punto de equilibrio. Ayer, este diario contó la opción de impulsar a Michetti como vice de Solá y, en paralelo, la chance de un acuerdo con Duhalde.

En concreto, ponerle las velas a un santo implica sacárselas a otro. El caso Duhalde es puntual: las encuestas macristas revelan que, en su gran mayoría, los votantes del Macri presidencial se mudan, sin demasiados complejos, a la postulación del bonaerense.

Sin embargo, al porteño no le seduce la alternativa de pactar pública y abiertamente con Duhalde, porque, admite, que el expresidente es «resistido» por el votante de la Ciudad. Un clásico del líder del PRO: mover sin correr riesgo. En política, un imposible.

Los efectos colaterales también irrumpen al considerar la propuesta que más seduce al jefe de Gobierno: que Michetti se convierta en la carta nacional del PRO. De hecho, ayer, la diputada -exvicejefa de Gobierno- se mostró de campaña en Santa Fe con Miguel Del Sel.

Pero Macri tantea que esa jugada puede ser nociva. Sus sondeos, y también números que mandó a pedir la Casa Rosada, muestran a Michetti como la mejor candidata del macrismo. Mide, incluso, mejor que Macri. Una encuesta de Daniel Filmus llega al extremo de mostrar al senador ganador en segunda vuelta contra Macri, pero perdedor ante Michetti.

En Casa Rosada comparten números similares, pero tienen una interpretación global: el jefe de un espacio es, siempre, el que más mide. «El techo más alto del macrismo es Macri». Eventualmente, dicen, Michetti puede medir más, pero, al final, se ordena el mando y eso se refleja en los números.

Sin embargo, temeroso del «spring» porteño -espera, por caso, cómo repercutirá en los candidatos K cuando uno finalmente sea bendecido-, Macri no quiere que Michetti se desmarque de la pelea de la Ciudad porque le aporta, aseguran, un plus para darle más firmeza a su intento de reelección.

De hecho, en el macrismo sugieren volver a la fórmula con la que se ganó en 2007. Es decir: Macri-Michetti. Hay algo de nostalgia por aquella elección que ganó con cierta comodidad y pudo revertir el karma del altísimo nivel de rechazo que lo alejó del triunfo en 2003 ante Aníbal Ibarra.

Jugar a Michetti en la nacional, en el desajuste de fechas entre una elección y otra, puede perjudicarlo, pero, al mismo tiempo, instalar en la mesa opositora una figura con rescatables niveles de conocimiento y adhesión pública.

Horacio Rodríguez Larreta, que se anota para ser el segundo de Macri, confirmó ayer que el jefe de Gobierno presentará una propuesta nacional para que el PRO siga en ese ring. No dijo lo obvio: la bajada de Macri dinamita el despliegue nacional y la de Michetti, aunque retiene algo de protagonismo, corre riesgo de fusilar cualquier proyección de la diputada.

La película comenzará a develarse en las próximas horas. Macri desafiará la superstición cinematográfica de que las segundas partes nunca son buenas. Y Michetti sabrá qué protagonismo le reserva su jefe.

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