Hilda Molina se reencontró en Ezeiza con su hijo y su nuera y conoció a sus dos nietos después de 15 años. Luego visitó a su madre de 90 años. Para el Gobierno, un logro propio. Para la médica, el viaje se debe a la ayuda de la Iglesia.
Luego de 15 años de espera, Hilda Molina se reencontró ayer en Buenos Aires con su familia y agradeció al «pueblo argentino» por la gestión ante el Gobierno cubano para que fuera autorizada a salir de la isla. «Gracias a todos los que ayudaron y a Dios», dijo la mujer de 66 años al llegar a Ezeiza, donde tuvo un emotivo e interminable abrazo con su hijo y su nuera y sus dos nietos, a los que sólo conocía por fotos.
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La neurocirujana aterrizó a las 6.20 en un vuelo de la empresa Copa Airlines, procedente de La Habana, y luego visitó a su madre Hilda Morejón, de 90 años, quien se encuentra internada en el hospital Tornú en «estado delicado» por una insuficiencia cardíaca y fallas renales propias de la edad. «Mi madre está en un proceso de compensación, pero no creo que su vida sea muy extensa. Quiero agradecerle al hospital el trato con ella. La vi viejita y muy frágil, pero pudo asimilar mi presencia en la Argentina y no entendía cómo era posible que estuviera acá», dijo Molina luego, en conferencia de prensa en la casa de su hijo Roberto Quiñones, en El Palomar.
Si bien la neurocirujana prometió regresar «voluntariamente» a la isla, aclaró que mientras su madre «esté en peligro» no la va a «abandonar», por lo que en todo caso pedirá una prórroga en la Embajada de Cuba para extender su estadía en Buenos Aires.
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