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Su nonamestre lo titulamos "Continua su lenta recuperación" en referencia a un primer trimestre que definimos como "Enfrentó una tormenta casi perfecta". Esto tuvo que ver fundamentalmente con la explosión de uno de sus silos en la planta de Carcarañá en mayo de 2016, que más allá del perjuicio económico (el seguro cobrado, $19 millones frente a perdidas por $10.7 millones -la diferencia es bienes a valor de reposición y bienes amortizados-), golpeó significativamente su producción, y con el proceso recesivo de la economía (menor demanda de harinas). Así en el primer trimestre del actual contable la vemos elaborando casi un 31% menos de toneladas de harina que en el del previo, en el segundo esta diferencia se redujo al 17%, cayó al 5% en tercero, normalizándose recién en el último cuando elaboró 3% más toneladas (la merma año/año fue del 13.5%), en tanto las ventas fueron 24%, 10%, 4% y 3% menores respectivamente (-10.2% año/año). Pasado a pesos esto le significo ingresos 31% mayores a los del periodo 2016/2015 y costos 39% mayores lo que le dejo un bruto 3% inferior al del anual previo. A pesar de los $8.3 millones que le entran por "otros" y la relativa contención de los gastos (en especial los de comercialización) creciendo 23% frente a una inflación del 23.9%, queda por su magnitud con un operativo 17% menor al del contable previo. Sin el aporte extraordinario que conseguía poco más de una año atrás por la cobertura ante la devaluación, lo financiero le lleva $2.5 millones (aportaba antes $15 millones) en tanto el fisco le quita otros $9 millones dejándola con un neto de $15.878.910, casi un 50% menos que doce meses atrás. A futuro habla de una producción triguera "suficiente" (a pesar de las lluvias), precio sostenido del grano, productores renuentes a desprenderse de él y una mayor incidencia de los mercados externos.
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