1 de agosto 2011 - 00:00

Monk: “No creo ser un músico que sirva para una milonga popular”

Bernardo Monk: «Piazzolla se ha escuchado mucho y eso hizo que, tocando sus cosas o intentando emularlo, se repitieran muchos de sus recursos. Mis puntos de partida, además de Gardel, son Troilo, Pugliese, Salgán y el Sexteto Mayor».
Bernardo Monk: «Piazzolla se ha escuchado mucho y eso hizo que, tocando sus cosas o intentando emularlo, se repitieran muchos de sus recursos. Mis puntos de partida, además de Gardel, son Troilo, Pugliese, Salgán y el Sexteto Mayor».
La historia de Bernardo Monk, con 36 años de edad, es verdaderamente rica. Pasó por la Escuela de música contemporánea de Buenos Aires y por Berklee, donde se graduó en «jazz performance». Trabajó, entre otros, con Oscar Stagnaro, Tito Puente Jr., Eguie Castrillo, Patricia Vlieg, Marta Gómez, Pablo Ablanedo y la Ryles Jazz Orchestra. Tiene tres álbumes editados: «Estación Buenos Aires» de 2004, «Ponele la firma» de 2006 y el más reciente «Cambio de frente». Participó de la banda de sonido de la película «Tetro» de Francis Ford Coppola, convocado por el compositor Osvaldo Golijov. El año pasado publicó su libro «El saxofón en el tango». Toca jazz con su hermano Sebastián y con el Mariano Otero noneto. Es profesor en diferentes escuelas. Y está presentando su último disco en diferentes escenarios: su próximo concierto será el miércoles 3 de agosto en el Café Vinilo de Palermo.

Según dice, se hizo músico porque parecía ser el destino familiar. «Mis viejos tienen que ver con la música, aunque ellos están más volcados hacia la docencia o la investigación. Pero además están mis hermanos mayores, Sebastián, que es un pianista de jazz y Augusto, vibrafonista después de pasar por la percusión, la batería y el piano, que vive en Canadá. Cuestión que en algún momento fui a visitar a Augusto, que en ese momento vivía en Boston, conocí la escuela de Berklee, me copé y me metí a hacerla. Pensé que estaría solamente dos años en Estados Unidos, mientras durara la carrera, pero me terminé quedando ocho años».

Periodista: ¿No se arrepiente de haber vuelto a la Argentina?

Bernardo Monk: Desde que me fui, siempre supe que volvería. Lo mío está acá: el tango, el fútbol, el barrio de Parque Patricios que adopté como propio, mi familia. Allá voy cada tanto, porque tengo amigos y ahora pronto viajaré a Boston para presentar el disco. Pero lo mío está acá.

P.: ¿Y por qué eligió el saxo como su instrumento?

B.M.: Al tener hermanos mayores músicos, por mi casa pasaba un montón de gente con los más diversos instrumentos. El saxo siempre me llamó la atención, sobre todo la sonoridad del soprano. Desde que lo descubrí, cada vez me entusiasmé más. Me gustaba lo que hacía Brandford Marsalis con Sting. Me gusta mucho todo lo de Paquito DRivera.

P.: Habiendo estudiado en Berklee y elegido el saxo, sorprende esa búsqueda hacia el tango que muestra su trabajo.

B.M.: En verdad, mi primer acercamiento a la música fue a través de la voz de Gardel. Lo sentía como un tipo que me contaba historias, como un cuentacuentos. De chico también me gustaba escuchar el «Glostora Tango Club», que pasaban por la radio y que ponía el marido de mi mamá. Estando ya en Estados Unidos, y por influencia de maestros como Joe Lovano o George Garzone, me fui interesando cada vez por encontrar músicos que tuvieran su propia voz. Allá hay miles de tipos que tocan bien, o muy bien, pero es menos común encontrarse con los que tienen sus propias cosas para decir. Por último, estuve casado unos cuantos años con una bailarina de tango; eso me llevó a recorrer milongas y a estar muy en contacto con esa música. Así que a la hora de hacer lo mío el tango surgió como lo más natural.

P.: El hecho de tocar un instrumento poco habitual en el tango, ¿lo ha complicado a la hora de trabajar?

B.M.: Por cierto que sí. Pero al mismo tiempo, eso ha tenido la ventaja de que no he tenido que bastardear lo que hago para cumplir con lo que a veces se pide de los músicos de tango. Independientemente de mi cosa más personal, que es más afín al tango, yo toco también jazz, con mi hermano Sebastián, con Mariano Otero, donde el saxo sí es un instrumento habitual. Y, en todo caso, lo más estrictamente laboral mío pasa por el lado de las clases. Con el tango, eventualmente me han convocado alguna vez Daniel Binelli u Horacio Molina, pero es excepcional.

P.: ¿Prefiere partir de las experiencias de Piazzolla o hurgar un poco más atrás en la historia?

B.M.: Me parece que Piazzolla se ha escuchado mucho y eso hizo que, fuera tocando sus cosas o intentando emularlo, se repitieran muchos de sus recursos. Tengo la sensación de que mi generación cumple con aquella idea de que los nietos se relacionan mejor con los abuelos que con los padres. En ese sentido, creo que mis puntos de partida, además de Gardel, son Troilo, Pugliese, Salgán, el Sexteto Mayor, al que escucho también mucho.

P.: ¿Cuál es su relación con la milonga y con el baile?

B.M.: Diría que lo que yo hago está más apuntado al formato concierto que a la milonga. Por supuesto, me gusta si algo mío inspira a algún coreógrafo o a algún bailarín, pero no creo ser un músico que sirva para una milonga popular.

P.: ¿En qué sitio ubica su veta de cantor, algo que vemos en sus discos?

B.M.: Es un gusto que me doy y sólo cuando quiero contar alguna historia mía. Al principio me dio por cantar también algún clásico, pero después me di cuenta de que no tenía sentido. Soy un saxofonista, que es lo que más estudié y mejor sé hacer, al que le gusta cantar, cosa que hago mucho en privado, y siempre meto algo. Pero es apenas una partecita dentro de mis conciertos o mis discos.

Entrevista de Ricardo Salton

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