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Moyano, infiltrado en IDEA (pero ignorado por Lula)
El vestíbulo del Hotel Sheraton de Mar del Plata colmado de empresarios en el Coloquio de IDEA, después de haber escuchado discursos de economistas como Dante Sica, Mario Blejer y Bernardo Kosacoff.
Ámbito Financiero también le preguntó qué había querido decir cuando había afirmado horas antes que la CGT iba a canalizar el voto de los trabajadores. Se rió y respondió, críptico: «Compañero: no hay que comer la cena antes del almuerzo. Ya te vas a enterar con el tiempo qué quise decir».
De todos modos, la alegría de Moyano por la buena recepción que tuvo entre los empresarios que participan del Coloquio de IDEA no fue completa. Lula -por quien hizo 800 kilómetros en el ida y vuelta sin pernoctar entre Buenos Aires y Mar del Plata- no lo recibió a solas, y tampoco lo nombró en su discurso, plagado de elogios y menciones al gobernador cordobés José Manuel de la Sota. «Se olvidó de mencionar a los representantes de los trabajadores: lo nombró a (Víctor) De Gennaro, pero a nosotros no», se quejó el camionero.
Moyano aplicó un principio básico de la física: ocupar un espacio que otro cuerpo deja vacío. El Gobierno una vez más decidió ignorar el Coloquio, lo que fue aprovechado por el mandamás de la CGT Azopardo para congraciarse con el empresariado. «Hicimos un enorme esfuerzo para invitar a todo el mundo. Esto obviamente incluye al Gobierno», se apresuró a explicar Ignacio Stegmann, presidente de este 48º Coloquio IDEA. Una vez más, no tuvieron éxito en intentar convencer al Gobierno de los Kirchner de que no son un foro opositor, algo que después de los abrazos, la bienvenida, las fotos y hasta la sola presencia de Moyano costará revertir de aquí en más.
En el «esfuerzo» del que habla Stegmann hay que colocar los u$s 150.000 que cobró Lula por sus casi dos horas de exposición, relato de su gestión, avalancha de cifras y elogios a Cristina de Kirchner, Hugo Chávez y Evo Morales. Afortunadamente, Enrique Pescarmona puso a disposición su avión privado para el desplazamiento de Lula desde Buenos Aires hacia Mar del Plata. El ingreso del expresidente brasileño al salón del Sheraton Mar del Plata fue apoteósico. Sin embargo, el humor de la audiencia fue mudando y ya casi nadie aplaudió cuando Lula poco menos que avaló las políticas del chavismo, justificándolas en la historia de Venezuela, y tampoco gustó que atacara a su predecesor Fernando Henrique Cardoso (un amigo de la casa): «En los 90 Menem y Fernando Henrique se peleaban para demostrar quién era más amigo de Bill Clinton». Un empresario dijo: «Que yo recuerde él no rompió precisamente relaciones con EE.UU.».
Otro párrafo que se le cuestionó fue -casi protocolar, es cierto- en el que pidió asociaciones entre empresas argentinas y brasileñas. Esto no sucedió hasta ahora: Camargo Corréa compró Loma Negra y Alpargatas; Marfrig y JSB se quedaron con los frogiríficos Swift y Quickfod, muchas textiles brasileñas se quedaron con las principales fábricas de zapatillas locales, y en ningún caso buscaron una «parcería» con un local.
«Yo cuando voy a Brasil hago eso: me asocio con brasileños, pero es cierto que mi actitud no es imitada cuando ellos vienen acá», le dijo a este diario Gustavo Grobocopatel (Los Grobo). De todos modos, me gustó mucho su discurso».
Lo mismo a Luis Miguel Etchebehere, presidente de la Sociedad Rural: «Me pareció muy bien que haya explicado que se puede avanzar en el desarrollo y la inclusión social y al mismo tiempo respetar las instituciones y las libertades públicas», dijo el dirigente ruralista.
Ayer a media mañana, una caravana de autos bloqueó el ingreso al hotel, y una hora después partieron llevando a Lula y a su comitiva (10 personas entre seguridad, prensa y políticos) al aeropuerto de Camet.


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