26 de noviembre 2013 - 00:17

Murat: "La vida nos ayudó a valorar la democracia"

• Diálogo en Mar del Plata con la cineasta brasileña, ex guerrillera y prisionera, que estrena “Memorias cruzadas”

Lucía Murat presentó en Mar del Plata su film del desencanto setentista “Memorias cruzadas”, que se estrena este jueves.
Lucía Murat presentó en Mar del Plata su film del desencanto setentista “Memorias cruzadas”, que se estrena este jueves.
Mar del Plata - Reproches al idealismo izquierdista de los '70 pudieron verse en tres interesantes películas del festival marplatense que acaba de terminar: "Princesas rojas" (Laura Astorga, Costa Rica, que describe una definitiva separación familiar), "Palabras mágicas para romper un encantamiento" (Mercedes Moncada, México, sobre el fracaso sandinista), y "A memoria que me contam" (Lucía Murat, Brasil), que el jueves próximo se estrenará como "Memorias cruzadas". Dato clave: la directora del film fue guerrillera, torturada y presa durante varios años. Menudita, vivaz, dialogamos con ella.

Periodista: ¿Podría resumirnos su experiencia?

Lucía Murat:
Desde 1964, en el Brasil había un regimen militar muy represivo. En 1969, el Acta Institucional 5, anuló hasta el derecho al Habeas Corpus y yo, que había estado detenida por ser dirigente estudiantil en la Facultad de Economía de Rio de Janeiro, entré al grupo guerrillero MR-8. Me capturaron en 1971, tenía 20 años. La experiencia de la tortura, no solo física, queda para toda la vida. Entre la cárcel militar y la común estuve hasta 1974, cuando el regimen se aflojó un poco (duró hasta 1984). Ahí me hice periodista, comencé a trabajar en "Jornal do Brasil" y "Opiniao", y en 1979 entré al cine con un mediometraje sobre el Ejército Sandinista, "O pequeno exercito louco", que el Concejo Mundial de Iglesias me ayudó a terminar. Después rodé varias películas, inclusive una romántica.

P.: Háblemos de las que recuerdan su experiencia.

L.M.:
Los documentales "Que bom te ver viva", sobre el reencuentro de presas políticas, que acá se dio en La Mujer y el Cine, y "Uma longa viagem", sobre mi hermano menor, al que mis padres enviaron a Londres para que no siguiera mis pasos, y terminó en la India. Y dos ficciones basadas en hechos reales: "Quasi dois irmaos", vidas paralelas de dos brasileños que se conocieron en la cárcel (presos políticos y comunes convivían) que acá se vio como "Casi hermanos", y ésta, hecha en memoria de Vera Silvia Magalhaes, que fue el emblema de nuestra generación. Muy inteligente, muy crítica, de una salud muy frágil debido a las torturas. Siempre íbamos al hospital cuando la internaban. Teníamos vidas diferentes pero íbamos. Cuando murió decidí hacer esta película.

P.: Donde alguien agoniza y viejos camaradas se juntan a discutir en la sala de espera y otros lugares. Interesante, en esas discusiones, la referencia al fusilamiento dentro de la organización.

L.M.:
Me reprochan que lo haya puesto, porque no fue una práctica general, pero ocurrió y alguna vez hay que decirlo. Igual que ciertos crímenes cometidos por error. Murieron personas inocentes, debemos reconocerlo, no vamos a presentarnos siempre con las manos limpias. Me angustia ese proceso, cuando la violencia revolucionaria se excede. Ya pasó bastante tiempo, debemos hablar claro: no fuimos sólo víctimas. Es difícil procesar eso. Yo empecé a hacerlo en la cárcel común, cuando me puse a leer los escritos de Sartre y Camus después de la Segunda Guerra, y vi que no era todo blanco y negro.

P.: Es curioso cuando una militante festeja que no haya triunfado la dictadura del proletariado.

L.M.:
Muchos ex guerrilleros ya no creen más en eso. Pero en nuestra juventud, frente a la dictadura militar, pensamos que la opción para América Latina era la propuesta cubana, el marxismo y tal. Luego la vida nos ayudó a inclinarnos por el diálogo y valorar la democracia.

P.: Usted pone un momento gracioso, cuando alguien convoca a votación para decidir el tratamiento de la amiga internada, a despecho de lo que digan los médicos.

L.M.:
¡Ocurrió de veras! Todavía tenemos los vicios de nuestra generación.

P.: ¿Por qué inserta la historia de un refugiado italiano?

L.M.
: Es que en Brasil hubo varios miembros de las Brigadas Rojas, perseguidos por su país. Y no entendían, nos decían "ustedes acá son héroes y nosotros en Italia somos marginales". Éramos de una misma generación, quisimos lo mismo, pero los contextos eran diferentes.

P.: ¿En qué momento pasaron a ser héroes?

L.M.:
Primero fuimos terroristas. Pasado mucho tiempo, "O Globo" hizo una autocrítica por su apoyo a los militares, y pasaron a llamarnos luchadores de la libertad. Esa imagen nos llevó a olvidar un poco el motivo de nuestra lucha: queríamos un verdadero cambio social. Hoy la sociedad ha mejorado, pero no tanto, y sigue siendo deshumanizada. Una cosa más. Nosotros teníamos intenciones más grandes, de cambio de comportamiento. Hablábamos de construir el afecto. No solo ser compañeros de lucha, sino querernos, protegernos, querer a la gente. Eso nos marcó. Creo que fue algo bueno.

P.: ¿Por qué todos los personajes son de clase media alta?

L.M.:
Porque los guerrilleros de 1968 proveníamos de la Universidad, y a ella entonces concurría solo el uno por ciento de la población. Era la elite. Hoy, por suerte, ese porcentaje ha crecido mucho, mucho.



*Enviado especial

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