Carismático, creativo y exitoso: Gustavo Cerati, ex líder de Soda Stereo, murió ayer a los 55 años tras más de cuatro de agonía.
Desenlace de algún modo ya ocurrido, hace cuatro años, cuando una trombosis venosa lo condenó al estado vegetativo en el que permaneció todo este tiempo, ayer murió Gustavo Adrián Cerati. Aunque no faltará quien vuelva a hablar de excesos, de los riesgos de un fumador abusivo, de la vida cargada de stress en que se mueve una figura internacional, hay muchos misterios aún sobre la mente humana.
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Cerati había nacido en Barracas el 11 de agosto de 1959. Arrancó con la música siendo un niño. Ya a los 12 años estaba tocando en fiestas con un trío y pasó la adolescencia entre los actos escolares, la dirección de un coro en el colegio, una actuación en la televisión, los adolescentes grupos Savage y Vozarrón. A la hora de los estudios terciarios, optó por la publicidad en la Universidad de El Salvador, a la que ingresó en 1979. Y mientras se llenaba la cabeza de King Crimson, The Beatles, David Bowie, Pink Floyd, Jimmy Page, Richie Blackmore, The Police, Elvis Costelo o The Cure, tramaba con su compañero de facultad Héctor "Zeta" Bosio la formación de una banda. Poco después, conocieron a Charly Alberti y el trío que sería el de mayor masividad en la historia de la música argentina, Soda Stereo, terminó de tomar forma.
La banda tuvo existencia concreta entre ese 1982 de los primeros proyectos y la apoteósica despedida en la cancha de River, en setiembre de 1997. Y un retorno fugaz, con shows, CD y DVD, que aportó poco a su historia, una década después.
Durante esos años, Soda Stereo hizo siete álbumes, vendió millones de discos, alcanzó cifras de convocatoria en toda América Latina y en España que ningún otro grupo argentino había logrado jamás y se convirtió en un referente de los años '80.
Protagonistas de un tiempo valioso en términos musicales, los Soda fueron personajes centrales en una disputa que, a la luz de la historia, terminó por demostrarse absurda. Fue esa que se planteó entre el rock más duro, terrenal e independiente de Los Redonditos de Ricota, y el pop más onírico, moderno y ligado al negocio del trío de Cerati. En lo que claramente se diferenció Soda Stereo fue en la expansión internacional que ninguno hasta ahora pudo volver a lograr.
Terminada esa etapa con el trío, Cerati empezó a construir una también valiosa carrera solista. Todavía en simultáneo con su trabajo con la banda, editó su "Amor amarillo" en 1993. Poco antes de la oficialización de la ruptura llegó "Plan V", un álbum electrónico experimental que hizo con un trío de músicos chilenos. Y luego una serie de discos, en una línea que siempre lo mantuvo ligado -en el modo de componer, en el estilo de su canto, en el lenguaje estético, en los carriles por los que eligió circular- a Soda, inclusive cuando reformuló varias de sus canciones en un formato sinfónico que hasta lo llevó a cantar en el teatro Colón. Fue el único de los tres que permaneció, como solista, en la cresta de la ola de la popularidad. Y la desgracia lo sorprendió justamente en plena gira de 2010 mientras estaba presentando en Venezuela su disco "Fuerza natural", que había editado el año anterior.
Gustavo Cerati fue además una figura muy ligada a las páginas de vidriera, un personaje de las fiestas elegantes, un hombre glamoroso rodeado de mujeres bellas y jóvenes, algunas de las cuales llegaron a ser esposas y compañeras más estables: Belén Edwards, la chilena Cecilia Amenábar (madre de sus hijos Lisa y Benito), Déborah De Corral, Sofía Medrano, la actriz Leonora Balcarce. Por su personalidad, generó admiración, respeto y consideración profesional, aunque la agonía permitió descubrir también que era mucho el amor que le tenían sus fans. Hubo a la vez un Cerati menos intelectual, menos profesionalizado, que conocieron mejor quienes lo vivieron de cerca. Y sólo a veces, ese más familiar y sensible se dejó ver públicamente, como en la carta que escribió en mayo de 1997 para sus seguidores, un día después de que se anunciara oficialmente la disolución de Soda Stereo.
"Estas líneas surgen de lo que he percibido estos días en la calle, en los fans que se me acercan, en la gente que me rodea, y en mi propia experiencia personal. Comparto la tristeza que genera en muchos la noticia de nuestra separación. Yo mismo estoy sumergido en ese estado porque pocas cosas han sido tan importantes en mi vida como Soda Stereo. Cualquiera sabe que es imposible llevar una banda sin cierto nivel de conflicto. Es un frágil equilibrio en la pugna de ideas que muy pocos consiguen mantener por quince años, como nosotros orgullosamente hicimos. Pero, últimamente, diferentes desentendimientos personales y musicales comenzaron a comprometer ese equilibrio. Ahí mismo se generan excusas para no enfrentarnos, excusas finalmente para un futuro grupal en que ya no creíamos como lo hacíamos en el pasado. Cortar por lo sano es, valga la redundancia, hacer valer nuestra salud mental por sobre todo y también el respeto hacia todos nuestros fans que nos siguieron por tanto tiempo. Me gustaría aclarar que este estado no tiene nada que ver con mis frecuentes salidas a Chile ni con los esporádicos proyectos musicales que haya realizado al margen de Soda. Un fuerte abrazo".
Esta despedida adquiere hoy -más aún si nos permitiésemos cambiar algunas pocas palabras- una significación distinta. Una pérdida lamentable. Un final que, no por esperable, se hace menos doloroso.
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