Murió Werner Schroeter, un pilar del nuevo cine alemán

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Berlín - El director de cine y teatro Werner Schroeter, uno de los artistas renovadores del nuevo cine alemán, murió ayer a los 65 años víctima de un cáncer. Schroeter murió en una clínica de Kassel. A diferencia de algunos otros de sus compañeros de ruta, Schroeter nunca ganó amplia popularidad con sus obras, sino más bien el reconocimiento intelectual por su capacidad creadora y su fantasía.

Junto a directores como Rainer Werner Fassbinder, Wim Wenders, Alexander Kluge y Werner Herzog, Schroeter fue uno de los cineastas que refundaron el cine alemán en los años sesenta y setenta. Además, en sus 80 puestas en escena en los teatros más importantes del país, logró conmover una y a otra vez con su incondicional estética y su creatividad provocadora.

Su última producción fue, en 2008, la película «Nuit de chien», basada en la novela «Para esta noche», del uruguayo Juan Carlos Onetti, con la que asistió al festival de Venecia.

En 1980 ganó el Oso de Oro en el festival de cine de Berlín con la película «Palermo o Wolfsburg», centrada en el problema de los inmigrantes extranjeros traídos al país en los años del «boom» alemán como empleador de mano de obra barata. En 1990 filmó «Malina», con Isabelle Huppert como protagonista, y ganó el premio del cine alemán en cuatro categorías, entre ellas «mejor dirección» y «mejor película».

Este año fue galardonado con un premio especial en la Berlinale en reconocimiento a su lucha por los derechos de los homosexuales. El «Teddy Award» le fue entregado por el director de cine Rosa von Praunheim (Holger Bernhard Bruno Mischwitzky), quien ayer manifestó: «fue un gran director y un importante amigo», destacando en «una carta de amor» pública que Schroeter fue «un gran inconformista del cine y el teatro alemán», «un poeta perverso» y «un mago de la luz y la belleza».

La preparación profesional de Schroeter se limitó a cursar tres semanas en la facultad de psicología de Mannheim y otras semanas en la Escuela Superior de Cine de Munich. Todo el resto lo fue armando a base de trabajo autodidacta. Pocos días antes de su muerte, la agencia dpa le realizó la que sería una de sus últimas entrevistas. En la charla, Schroeter habló de su visión del arte, de su relación con Alemania, el cine y su declarada homsexualidad.

«No soy un pesimista», declaró entonces. «Soy una persona muy positiva. Por eso puedo jugar libremente con eso que llaman sombrío y oscuro. Porque a pesar de todo sigue habiendo una utopía y también algo que podemos llamar belleza. No puedo saber si existe la redención. La vida es algo limitado en el tiempo. Y uno de los aspectos fundamentales del arte es ir lo más lejos posible dentro de esos límites».

Acerca del carácter críptico de algunos de sus trabajos, Schroeter había opinado: «¡Por favor! ¡No hay nadie que pueda entenderlo todo en el arte! Toda creación, ya sea en teatro, la pintura, el cine, es un proceso autónomo que se hace con corazón, conciencia, juicio y creatividad. El que crea que de esta manera puede atrapar al público y comunicarse con él de una forma muy simple y directa, que no se llame artista. El arte siempre tiene una aureola misteriosa. Es estímulo y, al mismo tiempo, provocación, en su mejor sentido. Si trabajo no pienso que tengo que explicarle algo a alguien. Eso degradaría el arte a algo enciclopédico. Eso no me gusta».

Y, sobre su elecciones sexuales: «Cuando estoy en Berlín vivo junto a mi compañera Monika Keppler. Pero en realidad vivo en Portugal. No somos una pareja de amantes, somos compañeros. La homosexualidad no es un tema especial para mí. Sorprendentemente siempre pude vivirla con cierta naturalidad, y eso es algo que logré mantener».

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