5 de noviembre 2013 - 00:00

Mursi usó el juicio en su contra como escenario para repudiar el golpe

Mohamed Mursi, el primer presidente elegido democráticamente en la historia de Egipto y destituido en julio último en un golpe, compareció ayer ante una corte en El Cairo (izquierda). Se mostró desafiante y desconoció al tribunal. Afuera, la Policía impidió a sus simpatizantes acercarse a la sede judicial (abajo).
Mohamed Mursi, el primer presidente elegido democráticamente en la historia de Egipto y destituido en julio último en un golpe, compareció ayer ante una corte en El Cairo (izquierda). Se mostró desafiante y desconoció al tribunal. Afuera, la Policía impidió a sus simpatizantes acercarse a la sede judicial (abajo).
 El Cairo - El expresidente egipcio Mohamed Mursi apareció ayer desafiante en el comienzo del juicio que se sigue contra él y otros catorce dirigentes islamistas por su supuesta implicación en la muerte de manifestantes el pasado diciembre.

Tras una anárquica sesión en la Academia de Policía, el mismo lugar en el que se juzga también al exdictador Hosni Mubarak, el Tribunal Penal de El Cairo, presidido por el juez Ahmed Sabri, decidió aplazar la siguiente audiencia hasta el próximo 8 de enero.

Pero más allá de los aspectos procesales, la atención de todos los presentes se centraba en observar el estado y la actitud de Mursi, incomunicado y en paradero desconocido desde que fue destituido y arrestado por el Ejército el pasado 3 de julio. Y Mursi no decepcionó a sus seguidores.

El primer presidente elegido democráticamente en la historia de Egipto apareció enérgico y en buena forma, clamando a viva voz una y otra vez que él es el "presidente legítimo de la república" y que no acepta la autoridad del tribunal que lo juzga.

Su actitud desafiante no se quedó sólo en el lenguaje, sino que se extendió también a los gestos, como en su decisión de entrar en la jaula de los acusados vestido de civil, de traje y camisa, de modo diferente al uniforme blanco que llevaban los otros imputados.

"Está muy animoso, muy activo. Y tan tozudo como siempre", dijo el abogado y pensador islamista Mohamed Selim al Awa, quien tuvo la rara oportunidad de departir con el expresidente durante media hora en uno de los recesos. Mursi, debido a su rechazo del proceso, se negó a aceptar a Al Awa como abogado defensor, pese a que el juez le instó en varias ocasiones a hacerlo.

Sin embargo, el depuesto mandatario y sus colaboradores -entre quienes están los destacados dirigentes de la Hermandad Musulmana Esam el Arian y Mohamed Beltagui- convirtieron la sala en un altavoz para sus reivindicaciones, formuladas con gritos y con eslóganes como "Abajo el régimen militar".

El caos en que se convirtió la audiencia se agravó con los gritos de "¡pena de muerte!" que profirieron algunos periodistas egipcios presentes.

Para el abogado Jaled Abu Bakr, que representa a varias víctimas que perdieron la vida en los enfrentamientos junto al Palacio Presidencial -actos que, según la acusación, fueron instigados por Mursi-, la Hermandad Musulmana pretende hacer del juicio un evento tumultuoso: "Todo lo que necesitan es un buen show", dijo.

Tratando de hacerse escuchar por encima de las voces, el presidente del tribunal pasó lista a los acusados -siete de los cuales son juzgados en rebeldía-, que coincidieron en rechazar la autoridad de la corte al escuchar sus nombres.

La línea de defensa esgrimida por los abogados trata de argumentar que el tribunal no es competente para procesar a un jefe de Estado, y que éste debería ser juzgado por un tribunal especial.

"Para enjuiciar a un presidente se necesitan una fiscalía y una corte especiales, no un tribunal penal ordinario, según dice la Constitución", explicó el letrado de la defensa Ibrahim Baki.

Los hechos ventilados se remontan al pasado 5 de diciembre, cuando al menos diez personas murieron y otras 600 resultaron heridas en el ataque de seguidores de Mursi sobre manifestantes que protestaban frente al Palacio Presidencial contra el polémico decreto que había emitido el entonces mandatario y que lo colocaba por encima de la Justicia. Mursi, que está acusado de haber instigado las agresiones, podría recibir la pena de muerte si es hallado culpable.

Tras la vista judicial, el depuesto presidente fue trasladado en helicóptero al presidio de Burg al Arab, en Alejandría (norte), mientras que el resto de acusados ingresó en el penal cairota de Tora. Al menos tras la primera audiencia el paradero de Mursi dejó de ser un misterio.

Coincidiendo con el comienzo del juicio, las masivas marchas convocadas por la Hermandad Musulmana en contra del proceso y del Gobierno de facto que lo impulsa, se celebraron en un ambiente crispado, pero no derivaron en enfrentamientos generalizados como se temía.

Un impresionante despliegue policial en torno a la Academia de Policía, que se extendía al interior de la sala, impidió a cientos de simpatizantes de Mursi acercarse al lugar del proceso.

Pese a algunas escaramuzas con piedras, contestadas con gases lacrimógenos por la Policía, la situación no derivó en nuevos hechos de sangre, algo frecuente en Egipto desde el golpe cívico-militar de julio.

Protestas similares tuvieron lugar en otros puntos de El Cairo, como junto al Tribunal Constitucional, y en diferentes ciudades como Alejandría, donde al menos 18 simpatizantes de la Hermandad fueron detenidos.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA, y Ámbito Financiero

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