El Senado aprobó anteanoche por unanimidad la ley la creación del Instituto Nacional de la Música y sus subsedes, el Registro de Músicos Nacionales y Agrupaciones Musicales Nacionales. El nuevo organismo funcionaría de manera similar al Incaa para el cine. La sanción de la llamada «Ley de la Música» fue aplaudida en los palcos de la Cámara alta y celebrada con un festival musical a las puertas del Congreso. Según la norma, el Instituto Nacional de la Música (INAMU) funcionará en el ámbito de la Secretaría de Cultura de la Nación y tendrá por objetivo el «fomento, apoyo, preservación y difusión de la actividad musical en general y la nacional en particular». El INAMU deberá «proteger la música en vivo coordinando y fomentando los establecimientos con acceso al público donde se realice habitualmente actividad musical» y «fomentar la producción fonográfica y de videogramas, su distribución y difusión».
La ley reconoce además una serie de «regiones culturales» que serán la Metropolitana; Región Centro; Región Nuevo Cuyo; Región Nea, Región Patagónica y Región NOA, que abarcarán a todas las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Así. Pese al riesgo de una cada vez más creciente burocracia, la ley establece que el INAMU deberá tener diferentes sedes en cada región cultural y que cada una de ellas estará conformada por un Centro de Producción Musical, un Centro Cultural y Social, un Centro de Subsidios y Créditos y un Centro de Formación Integral del Músico. Otro aspecto a considerar tiene que ver con la política de edición, en un medio donde desborda la producción de CDs independientes que ni tiempo tienen de ser asimilados por el oyente, y a la cual, presumiblemente, los nuevos subsidios oficiales incrementará aun más (al igual de lo que ocurre, en escala, con el cine).
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