27 de enero 2012 - 00:00

Nadal ganó el clásico y está en la final

Nadal festeja como desahogándose tras su éxito ante Federer.
Nadal festeja como desahogándose tras su éxito ante Federer.
Jamás lo dirá con todas las letras, pero 2011 fue en unos cuantos aspectos una pequeña tortura para Rafael Nadal. Lo que vivió el español en esa temporada no le había sucedido nunca. Ayer, con el épico triunfo sobre Roger Federer y la posibilidad de luchar el domingo por su undécimo título de Grand Slam, Nadal está a un paso de ser el Nadal que quiere ser. «Comenzar la temporada con una final en Melbourne es fantástico. Me da mucha confianza, mucha calma», dijo tras su 6-7 (7), 6-2, 7-6 (5) y 6-4 ante el suizo.

«Calma» se está convirtiendo en un término fetiche para Nadal en el inicio de temporada. Y no es casual, porque si algo le hizo perder el serbio Novak Djokovic en 2011 fue la calma. Calma perdida porque Nadal nunca había sido sometido en seis finales consecutivas por el mismo rival. Calma perdida porque, en vez de consolidarse como el sucesor hegemónico de Federer, se encontraba con un nuevo problema, aunque siempre tuviera claro el peligro y la calidad de Djokovic.

Nadal asegura que 13 días atrás, el domingo 15 de enero, la calma estaba más lejos que nunca: «Veinticuatro horas antes de empezar el torneo estaba en mi habitación, llorando». La rodilla trabada y todos los fantasmas y temores volcándose sobre la humanidad de un hombre que no deja de tener sólo 25 años. Pero Australia fue generosa: Nadal llega a la final con la «velocidad de crucero» que buscaba. Está a un partido del undécimo título de Grand Slam, pero también de dos finales muy diferentes. Si el rival es el escocés Andy Murray, hay razones para que sea optimista: por más que el británico tenga cada vez más hambre de campeón de Majors, el 13-5 a favor que tiene en los enfrentamientos personales no es un dato menor. Pero si el rival es el serbio Novak Djokovic, la temporada 2012 tendrá drama y profundidad desde el inicio, porque ése es, si se tiene que elegir uno, el duelo que verdaderamente importa para saber qué sucederá este año. Esta madrugada se develaba el misterio del otro finalista.