8 de enero 2009 - 00:00

Ni K ni FpV, la táctica de Lole para las legislativas

¿Decir no por cuarta vez? No se trata de un desafío a saberes populares -aunque parece una obstinación-, pero Carlos Reutemann explora, encerrado en su mutismo habitual, 2011 perseguido por el estigma de haber rechazado en tres ocasiones ser candidato a presidente.
Carlos Menem y, en dos turnos, Eduardo Duhalde lo tentaron con ese sillón. El riojano en busca de un heredero; el bonaerense primero viéndose perdido en el 99 ante De la Rúa y luego, sin delfín, para frenar el retorno de Menem en 2003.
No medió, esta vez, ninguna oferta puntual. Por sorpresa, Lole se trepó al ring de los pretendientes de 2011 y sacudió al peronismo. Es más: por los elogios de Elisa Carrió a su figura, la irrupción de Reutemann también desató un temporal en la oposición.
Falta demasiado tiempo. Antes, así lo plantea el ex gobernador, está la parada obligada de 2009. Sólo un triunfo en la próxima legislativa, que casi inevitablemente lo tendrá como candidato a senador, lo parará con chances para la presidencial.
De pocas palabras y vínculos radiales, el mapa táctico de Reutemann está cruzado por la incógnita. Pero por charlas que mantuvo con dirigentes en las últimas horas, se puede bosquejar la hoja de ruta -con sus escalas críticas- que proyecta hacia 2011. A saber:
Su suerte se juega en octubre próximo, cuando Santa Fe renueva tres senadores y 10 diputados. El PJ debe competir contra la alianza entre el PS de Hermes Binner y la UCR. Reutemann delinea sus movimientos sobre la base de no ser «candidato de Kirchner» e, incluso, plantea que lo más oportuno sería no competir ni siquiera con el sello del Frente para la Victoria. Es decir: estar lo más lejos posible de los Kirchner, en una provincia que se escaldó durante el conflicto del campo y que, según reflejan los sondeos, rechaza cualquier figura o marca que aparezca ligada de manera inocultable a los Kirchner. En estos días, Reutemann ha vuelto a poner el foco en la crisis agraria, con el tema de la sequía. Con campos en el centro norte santafesino, padece esa inclemencia. «Por la seca, la soja se quema apenas brota», relata.
Para eso, sobre el supuesto de que es el único candidato que puede evitarle al oficialimo una derrota en la provincia -en una competencia que ofrece escenarios negativos en Capital y Córdoba e intrigas en Buenos Aires, Mendoza y Entre Ríos-, Reutemann sugiere que sea Kirchner quien «ordene» lo que, a su lado, definen como «zafarrancho kirchnerista». El capítulo central es Agustín Rossi a quien considera como «útil jefe de bloque» para Kirchner, pero que pagó, en el proceso, un costo político demasiado alto. «El plus que aporta Reutemann lo resta Rossi», traducen al Lole. En rigor, una solución posible que desliza el senador es que Rossi -a quien afirma no vetar- sea candidato pero con perfil bajo para esquivar, mediante ese camuflaje, lo que advierte como costo político.
Cuenta una media verdad cuando dice que en 2009 se juega la suerte de los Kirchner. En las legislativas de este año, se dará un duelo de dos potenciales presidenciales: él y Binner, a quien se suele mencionar como vice de Julio Cobos -aunque los socialistas revierten la fórmula-. Sin ser candidato, el gobernador del PS pondrá en juego su destino.
Silencioso durante casi toda la presidencia de Kirchner, Reutemann apareció en escena con una sola frase. «Ahora pensaría ser candidato (a presidente)», dijo en un canal de TV de Santa Fe, e inauguró la tempestad y una lluvia de elogios y bendiciones que, se confiesa, lo «sorprendió». No es ilógico: juntó halagos de Duhalde, Carrió, Cobos y, sin altavoz, de ministros de Cristina de Kirchner. A Sergio Massa, por ejemplo, se le atribuye haber dicho que el santafesino es el mejor candidato del PJ para 2011.
Pero todo esquema, siquiera como último manotazo, prevé alternativas extremas. El elogio de Carrió a Lole ha permitido que éste haya advertido sobre su relación cordial con la líder de la CC -a quien ve distanciada de Binner-, con quien se puede dialogar e, incluso, hasta imaginar para el lejano 2011 un acercamiento. Claro: «Si todo estalla», se condiciona al lado del actual senador. En simultáneo, a nadie le corta el teléfono aunque se cuida, casi obsesivamente, de contactos que lo dejen en off side. A nadie revela, por caso, sus charlas con Duhalde; ni sus antiguos recelos con Kirchner, a quien todavía no le perdona que, apenas asumido como presidente, haya recibido en la Casa Rosada a organizaciones de inundados que pedían su cabeza.

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