27 de febrero 2013 - 00:17

Nisinman: “En arte serio todos nos parecemos”

El músico argentino, residente en Suiza, estrenará su obra «Dark Blue Tango», como solista de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Facundo Agudin, quien también vive en Europa hace 20 años.
El músico argentino, residente en Suiza, estrenará su obra «Dark Blue Tango», como solista de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Facundo Agudin, quien también vive en Europa hace 20 años.
Bandonenista y compositor ampliamente conocido en toda Europa, Marcelo Nisinman vive en Suiza hace hace ya unos cuantos años. Entre la academia y el tango, entre la música clásica y la popular, entre la tonalidad y el atonalismo, entre los grupos de cámara y las orquestas sinfónicas, su talento le permitió haber recibido oportunamente la bendición de Astor Piazzolla, circular por grandes salas, grabar discos y ser parte de ciclos de conciertos en muy distintos ámbitos y lugares del mundo. Esta vez, el músico argentino volverá al país para presentar una obra propia, «Dark Blue Tango», como solista de la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Facundo Agudin, otro argentino que vive hace casi dos décadas en Europa. Este concierto. que se realizará el próximo 15 de marzo en el auditorio de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires -y que incluirá además «Contemplación y danza» de Piazzolla, «Romeo y Julieta» de Tchaikovsky, y la suite «El caballero de la rosa» de Richard Strauss-, servirá también para presentar en la Argentina el proyecto «Tango Nuevo Tango» que ambos llevan adelante.

Periodista: ¿Qué puede decirnos de su obra «Dark Blue Tango»?

Marcelo Nisinman: El nombre se me ocurrió mirando al cielo antes de que anochezca. Este es mi color favorito del día. Ese «Azul» intenso y oscuro. Aparte de que se trata del momento en que todo lo diurno se transforma en un lindo despelote nocturno. El lenguaje que utilicé es el mío propio, el que fui y sigo desarrollando a través del tiempo. No importa si hay sonoridades disonantes, tonalidad o no tonalidad, tango o no tango. Es mi lenguaje, en donde todo se relativiza, todos los parámetros establecidos son seriamente cuestionados. Después, se trata de poder traducir esto al lenguaje de una orquesta sinfónica y que funcione, por supuesto.

P.: ¿Qué es el proyecto «Nuevo Tango Nuevo»?

M.N.: Eso nació en un café en Suiza a partir de una idea de Facundo Agudin. Creo que tanto él como yo nos encontrábamos en una situación similar en Europa, cada uno con sus actividades. Nacimos en los 70, pero no en 1870. Entonces, lo que nos corresponde es hacer la música de hoy, o la que sentimos que nos conecta con nuestras realidades. El tango forma parte de esto, pero no solo el tango sino la música en general. Tanto Facundo como yo nos la pasamos arriba de aviones o trenes viajando por todo el mundo, y somos como un tango con alas. Después, se sumaron dos de los más grandes compositores argentinos de hoy, Julio Viera y Pablo Ortiz; cada uno con sus propias composiciones.

P.: ¿Cuál es su relación con Facundo Agudin y, para quienes no lo conocen, qué puede decirnos de él respecto de la consideración que se le tiene en Europa?

M.N.: Con Facundo nos conocimos allá, la primera vez estrenando una obra de un compositor suizo, un doble concierto en Praga. Me impresionó la capacidad y la velocidad con que aprende obras muy complejas, su efectividad en el trabajo y su pragmatismo. Es meticuloso y respetuoso al máximo de las obras que dirige, pero le pone su interpretación, su buen gusto, su poesía. Cada vez que lo he escuchado dirigir, haya sido en Armenia, Suiza o República Checa, puedo decir que los músicos de las diferentes orquestas se sienten cómodos e incentivados trabajando con él.

P.: ¿A qué adjudica que, salvo excepciones, las experiencias más osadas alrededor del tango sucedan en Europa y no en Argentina?

M.N.: Quizás la libertad en el mundo del tango sea todavía sólo para unos pocos que se encargan de que las cosas sigan de esta manera mezquina. Un ambiente de opresión artística. Los que se salen de ella, o bien son marginados o se tienen que ir del país, lamentablemente.

P.: ¿Hasta qué punto se puede estirar esa cuerda del tango sin que deje de serlo, o al menos sin que dejemos de llamarlo así?

M.N.: El tango es para cada uno algo diferente. Para mí es infinito, como lo es la música, y mientras Buenos Aires exista, o el Río de la Plata o su cultura, el tango existirá. A veces se tienden a confundir los sentimientos comunes entre los fanáticos, como en una hinchada de fútbol. Pueden hinchar para un equipo, destrozar las tribunas y reventar a alguno, pero los partidos hay que jugarlos dentro de la cancha. Por ejemplo, la Academia Nacional del Tango o la Fundación Piazzolla tienen ambas ese espíritu de hinchada de fútbol.

P.: ¿Le agrada o lo incomoda el hecho de que proyectos como este con la orquesta y como muchos suyos alrededor del tango queden más encuadrados en el territorio de la música clásica que en el de la música popular?

M.N.: Ninguna de las dos cosas en realidad me afecta mucho. En arte en serio, nos parecemos todos no importa qué clase de música hagamos.

P.: ¿Qué más está haciendo por estos tiempos?

M.N.:
Le diría que mi vida de bandoneonista está guiada y depende casi en absoluto de mi vida de compositor. Es lo que quería y es lo que me va pasando a través del tiempo. No digo que esto sea así siempre en un ciento por ciento, y por otro lado no quiero encerrarme sólo en mí mismo. A veces lo logro, otras no tanto. Para darle algunos ejemplos, este año terminaré de escribir una obra nueva, son 13 tangos para voz, relator y orquesta, algunos instrumentales y otros cantados con textos de Carlos Trafic. Será parte también de una nueva colaboración con Facundo. El pianista Filipe Pinto-Ribeiro, director del Ensamble Shostakovich, me estrenará «Cuatro piezas demoníacas» que escribí para piano solo. Tocaré en diferentes festivales con el Cuarteto Vogler, incluyendo el Kunsthaus de Berlin. Saldrá el CD de «Nuevo Tango Nuevo», grabado en Suiza por OehmsClassic. Y terminaré de grabar mi CD con Tango Factory, mi cuarteto junto al clarinetista Chen Halevi. Eso, entre otras cosas. Así que por suerte actividad no me falta.

P.: ¿Volverá pronto a la Argentina para presentar otras formaciones u otros proyectos?

M.N.:
Espero volver pronto, quizás con Tango Factory. Intentaré seguir en ese sentido con la filosofía troileana: «siempre estaré volviendo». Pero para esto hay que irse; creo que él se olvidó de esta parte.

Entrevista de Ricardo Salton

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