15 de julio 2013 - 00:00

No fue un mundo de sensaciones

El Cuarteto Gianneo tuvo su mejor momento con el exhumado “Cuarteto para arcos” de Guastavino, pero el resto del recital no quedará para la memoria.
El Cuarteto Gianneo tuvo su mejor momento con el exhumado “Cuarteto para arcos” de Guastavino, pero el resto del recital no quedará para la memoria.
"Five sensations: Romanticismo y modernidad, por cinco virtuosos". Cuarteto Gianneo. Rodolfo Mederos (bandoneón). Obras de C. Guastavino, A. Piazzolla, F. Schubert y J. Brahms (Pilar Golf, 13 de julio).

La instancia más estimulante del concierto ofrecido el fin de semana por el Cuarteto Gianneo dentro del ciclo Pilar Golf resultó la ejecución del "Cuarteto para arcos" (1948) de Carlos Guastavino. Esta obra cuyo manuscrito se encuentra en la Facultad de Música de la Universidad de Cuyo fue exhumada por el musicólogo y músico especializado en música argentina Lucio Bruno Videla, editada por él junto a Sebastián Masci (integrante del cuarteto) y Tomás Ballicora y estrenada el año pasado en el marco del centenario del nacimiento del compositor santafesino.

De estructura clásica (incluye como tercer movimiento un "Minuetto" que retoma la melodía de la canción "Se equivocó la paloma" escrita por Guastavino siete años antes sobre un texto de Rafael Alberti), la obra es una joya no sólo dentro de la producción instrumental de su autor sino del repertorio de cámara nacional. La inconfundible impronta melódica y armónica de Guastavino se despliega a través de una escritura sólida que evidencia su pericia técnica, muchas veces menospreciada. El ensamble integrado por Masci, Luis Roggero, Julio Domínguez y Matías Villafañe, cuyo repertorio se centra en la música argentina aunque no se cierra al acervo universal, ofreció de este cuarteto una versión sutil, intensa y exacta.

El gran bandoneonista Rodolfo Mederos se sumó luego para interpretar la obra que dio nombre al concierto: las "Five tango sensations", pieza tardía en la que Ástor Piazzolla reunió todos los lugares comunes de su producción previa. La suite (grabada por Piazzolla junto al Kronos Quartett en 1990) recorre, como su nombre anuncia, sensaciones e instancias diferentes: del sueño a la vigilia, del amor al miedo, pero sobrevuela en ella una monotonía que ni siquiera intérpretes consumados como estos pudieron evitar. Mederos, impecable pese a todo, propuso como bis el tema "Cerezas" que arregló para esta formación, una suerte de vals lento no carente de belleza pero que no contribuyó a despertar a un auditorio visiblemente aburrido que, sin embargo, premió con una ovación.

La segunda parte estuvo integrada por la "Quartettsatz" en do menor D. 703 de Franz Schubert, que hubiera tenido en el Gianneo una recreación impecable de no haber sido por serios problemas en la afinación del violín de Roggero, afortunadamente corregidos antes del "Cuarteto para cuerdas en do menor" número 1 de Johannes Brahms que coronó con altura el encuentro.

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