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“No quiero trabajar en estas condiciones de insatisfacción”
Tras el cierre de su espacio de arte, Sendrós brinda su apoyo a la galería BARRO, de próxima apertura, y también se propone “llevar adelante la editorial de libros de artista más importante de nuestra época”.
Periodista: Una generación de galeristas talentosos está en retirada. ¿Cuál es el motivo?
Alberto Sendrós: Cada cierre habrá tenido sus razones particulares. Pero todos tuvimos una razón principal en común: la imposibilidad de consolidar económicamente estos emprendimientos. En Buenos Aires, una galería dedicada al arte contemporáneo es un emprendimiento comercial muy difícil de sustentar.
P.: ¿La dificultad financiera determina el cierre?
A.S.: No es el único motivo, pero es el principal. Gestionar el día a día de un negocio que no cierra es agotador. Especialmente para alguien como yo, que no tengo una formación en materia de administración
P.: ¿Pero cuando abrió la galería no imaginó que debería sortear momentos críticos?
A.S.: Sí, lo sabía. Pero creí que iba a poder manejarlo, como de hecho lo hice. Y podría seguir haciéndolo. Pero preferí ser sincero conmigo y con los artistas. Veo claro que tuvimos éxito en nuestro trabajo conjunto pero también veo claro que no logramos consolidarnos económicamente, situación que tornaría difícil nuestro trabajo a futuro. La mayoría de los artistas crecieron muchísimo a nivel carrera y está muy bien que hoy tengan otras pretenciones y reclamen condiciones de trabajo que mi galería no puede ofrecerles. Y yo no quiero trabajar en esas condiciones de insatisfacción
P.: La galería Sendrós garantiza a los artistas protagonismo y visibilidad. ¿Ellos reconocen estas cualidades, o son seres imposibles de satisfacer?
A.S.: ¡Las dos cuestiones son válidas! Me siento reconocido, muy reconocido, pero sé que las demandas y los reclamos se renuevan periódicamente. Y está muy bien. Los artistas necesitan estímulos permanentes: nuevos espacios donde mostrar su obra, ferias internacionales, libros y otras aspiraciones lícitas, pero muy difíciles de financiar para las galerías. A todo esto me refiero cuando hablo de insatisfacción.
P.: ¿Invertir más de lo que se gana para cumplir una buena gestión es una condición irreversible?
A.S.: Nuestro mercado es pequeño. Existe una desproporción entre la cantidad de buenos artistas produciendo muchas buenas obras por año y los interesados en comprarlas. Del lado de la demanda, los compradores ocasionales no son muchos y los coleccionistas activos no llegan a diez. La mayoría comparte la característica de comprar obras que luego puedan llevar a sus casas, la opción es buena, pero agota rápidamente su activismo y su relación con las galerías. En Buenos Aires no está difundido el tipo de coleccionismo europeo basado en interés, investigación, seguimiento, respaldo continuado. Aquí el coleccionismo de arte contemporáneo es más superficial, más vinculado al reconocimiento social. Aunque hay excepciones, naturalmente. Un buen ejemplo es el de Jorge Macchi: es el artista argentino más importante de los últimos veinte años, pero en Buenos Aires no hay ningún coleccionista que tenga cinco obras importantes. La galería que lo representa tiene un "capolavoro" disponible desde hace cinco años. Es increíble.
P.: Pero las ventas de arteBA son un éxito. ¿O no es así?
A.S.: arteBA es una cita cultural masiva en el marco de una feria de galerías de arte. Esa gran convocatoria genera compulsión compradora entre quienes pueden comprar. Hay mucho de exhibicionismo. Eso la convierte en un éxito de ventas pero también en un espejismo. arteBA es una plataforma de exhibición y difusión magnífica, pero no refleja en absoluto la realidad del mercado del arte contemporáneo.
P.: ¿Por qué brinda su apoyo hoy al proyecto de la galería BARRO, se cansó de la galería trampolín o busca no alejarse del mundo del arte?
A.S.: Son proyectos distintos, con realidades diferentes. Abrí mi galería para trabajar con artistas sin carrera, para ayudarlos a crecer. Este trabajo me dio enormes satisfacciones porque lo comencé con desconocidos y terminé con algunas de las figuras hot del momento. La galería BARRO se propone trabajar con artistas con carreras consolidadas. Son intereses y búsquedas diferentes. A BARRO no le interesa descubrir un artista, prefiere los que están en la mitad de su carrera. Es un segmento muy difícil de trabajar, especialmente en mercados como el nuestro. Entonces consideré la oferta de incorporar algunos artistas de mi galería a una plataforma de trabajo nueva, con objetivos más ambiciosos que los que yo podía ofrecerles. Creo que BARRO (de próxima apertura) tiene posibilidades de destacarse a nivel local e internacional.
P.: ¿Qué demanda el artista en la mitad de su carrera?
A.S.: Por un lado, los procesos creativos de los artistas en esta etapa son más lentos y menos novedosos; por otro, los precios de sus obras ya son considerablemente más altos y la demanda decrece. El coleccionista argentino abandona al artista en la mitad de carrera. Es más, comienza a vender sus obras y a obtener ganancias con respecto al precio de compra.
P.: ¿Hay otro proyecto en su horizonte?
A.S.: Sí. Montar un espacio de exhibición más cercano a la institución que a la galería. Dedicado a proyectos especiales con artistas que me interesan en todas las situaciones de carrera. Proyectos puntuales, que empiezan y terminan y que no implican vínculos comerciales permanentes. Es un proyecto que me ilusiona, porque me va permitir trabajar en profundidad a nivel obra con los artistas elegidos.
P.: ¿Y va a continuar publicando libros?
A.S.: Sí. Y lo digo con énfasis. Publicar libros es uno de mis sueños. Quiero llevar adelante la editorial de libros de artista más importante de nuestra época. Y ya la van a conocer.


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