11 de diciembre 2012 - 00:00

Noé cerró con amigos una muestra especial

Una de las obras de la muestra de Luis Felipe Noé signada por la muerte de su compañera de toda la vida y un cambio significativo en su pintura.
Una de las obras de la muestra de Luis Felipe Noé signada por la muerte de su compañera de toda la vida y un cambio significativo en su pintura.
El viernes pasado, Luis Felipe Noé cerró su exposición en la galería Rubbers junto a un grupo de amigos y colegas. Se trataba de una muestra especial. En primer lugar, estaba signada por la muerte reciente de Nora Murphy, la compañera de toda la vida del artista. A ella dedicó «El adiós», una significativa pintura en blanco y negro. Luego, la obra de Noé ha cambiado. Su colega y amigo, Eduardo Stupía observa un cambio formal y relevante: «Ya no necesita apelar a tamaños enormes, la dimensión del cuadro es más intrínseca que física». «Efectivamente -agrega Stupía-, el sistema de construcción de la imagen siempre es complejo y en permanente cohesión, sin embargo, lejos de cerrarse, parece abrirse desde adentro, como con nuevos aires y sustancias».

A simple vista las pinturas han ganado nitidez. Noé ha dejado atrás la confusión para definir con claridad los espacios; algunos, limitados con la propia materialidad de la pintura que sale del pomo para marcar un contorno. Las imágenes de los bosques o las montañas que hoy nos sorprenden forman parte del imaginario de Noé, pero los fragmentos y las texturas son diferentes. «Uno es el mismo. Uno no cambia», asegura Noé, y explica que tan sólo se corre de lugar.

Así, los rastros del pincel vuelven a verse como una metáfora del transcurrir del tiempo, y las obras ostentan una palpitación que coincide con los ritmos del hablar y del pensar de Noé, con su característico nerviosismo y con sus urgencias.

A.M.Q.

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