Nueva amenaza a bonos: lo político

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La semana empieza con buenos augurios para los bonos. Es más probable que haya subas selectivas que euforia. Las noticias que llegan son positivas. Se reabre el canje de la deuda, la Argentina está atada a las inspecciones del FMI, que preside Dominique Strauss-Kahn, para seguir en el G-20, y el Club de París pidió negociaciones serias.

Los inversores y los acreedores del país tienen algo en común, la cautela. Saben que el Gobierno no es confiable, que puede barrer todo lo que avanzó 24 horas antes de que se firmen los acuerdos. El ministro de Economía, Amado Boudou, también lo sabe. Más que un negociador, lleva y trae ofertas.

Todo lo que se está viendo hasta ahora es una toma de posiciones para aprovechar el buen momento si se llega a acuerdos con el FMI y con acreedores, o para salir con el menor costo posible, si nada se cumple.

Conviene analizar lo que sucede con los bonos posdefault en dólares, porque son los títulos más equilibrados. Los criterios con que se los compra son los más razonables, porque permanecen en la cartera de los inversores más tiempo que los nominados en pesos.

El Boden 2012 y el 2015 son los que más ganancias dieron en el año y ofrecen un rendimiento de 15%. Cuando empezó 2009, sus retornos eran del 60%, debido a que tenían precios de default. Ese 15% es lo que impide que sigan subiendo. El mercado por ahora pide este retorno para asumir riesgo argentino, aunque la semana pasada llegó a aceptar hasta un 12%, pero fue fugaz, duró un día. El retorno baja cuando sube el precio.

Los bonos en pesos son especulación pura. Se entra y se sale rápido. Acá los inversores también miran las rentas. Como ajustan por el costo de vida, que el INDEC se ha encargado de distorsionar, todo lo que ocurre alrededor de estos títulos a veces roza lo absurdo. Por caso, ahora suben porque si bien el INDEC no informa la verdadera inflación, los porcentajes, aunque son la mitad de lo que deberían ser, representan una buena tasa de interés en pesos ante un dólar quieto. Cuando el INDEC dijo que la inflación de agosto fue del 0,80%, aunque en realidad debería haber sido del 1,50%, el mercado festejó porque un 0,80% es una buena tasa. Los inversores miden todos los rendimientos en dólares, por eso ignoran la inflación. El tema es ver, al final del ciclo, cuánto ganaron en dólares apostando a las inversiones en pesos.

Los bonos más cortos como el Bocon Pre 9 que rinde un 19% por encima de la inflación o el Pro 12 con renta del 17% o el Bogar con un 16%, son los más buscados. Cuando los inversores se tornan selectivos, antes de comprar un bono, miran la renta y la «duration», es decir, en cuánto tiempo recuperarán su inversión. El Pre 9 tiene una «duration» de 1,9 año, una cifra corta en relación con la ganancia.

A todo esto, el dólar sigue bajo control. El Banco Central domina el mercado de cambios sin esfuerzo y aumenta reservas casi todos los días. El dólar marginal vale tanto como el que se vende en las casas de cambio, y ese es el dato más relevante para notar la ausencia de compradores.

Ni hablar de un dato más sofisticado como el precio del dólar «contado con liquidación» que tiene niveles inéditos por lo reducido. Esto significa que no están saliendo divisas del país porque están aprovechando la bonanza de las tasas.

No hay que confiarse en que este ciclo será duradero. Todos los jugadores están preparados para salir rápido y volver a dólares. En estos momentos, la mayor amenaza no es la economía, sino la política, con la aparición de la violencia y el sabotaje en los conflictos laborales.

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