Hasta no hace mucho, es decir hace tres o cuatro semanas, el consenso de los analistas venía insistiendo con que China era el motor, el futuro y la esperanza del mundo (todavía queda algún trasnochado que sigue con la cantinela). En la medida que la realidad se ha venido imponiendo y vemos que lejos de ser un «mito», el antiguo imperio Manchú es una nación como cualquier otra (por más que sea la más populosa del planeta) con sus problemas internos, externos, y que debe enfrentar y pagar los dolores propios del crecimiento, las ansias se han volcado nuevamente sobre los EE.UU. Con los problemas que sigue enfrentando el «Viejo Continente» nadie se atreve a decir en voz alta que apuesta por Europa, y sólo los más imprudentes continúan recitando el mantra de los países emergentes (¿si China «falla», qué quedará para el resto?). Esto no significa necesariamente que lo que ocurra en el Norte de América se torne más o menos significativo para el mercado financiero que antes, sino que podemos esperar que los titulares manden a segundo plano lo que suceda allende Wall Street. Así la excusa favorita para explicar ayer, por qué el Dow retrocedió el 0,35% a 13.124,62 puntos (el S&P 500 cedió un 0,19% y el NASDAQ trepó un magro 0,04%) se vinculó a la caída en la venta de viviendas del último mes y al incremento de las viviendas en venta (el verano es la estación tradicional de «ventas», así que este último fenómeno debería continuar). Sin entrar a cuestionar el peso bursátil de estos datos, lo cierto es que en el frente externo tuvimos otras malas noticias. La más relevante fue la suba de la tasa en España (al 5,239%) e Italia (al 5,405%) en una jornada en la cual los treasuries a 10 años pagaron apenas un 2,294% (el martes pagaron el 2,37%), que podría vincularse con el mal día que tuvieron las empresas más expuestas al mercado global (Alcoa, Caterpillar, etc.). Además de esto último, la baja del precio del petróleo -en promedio los commodities bajaron el 0,1%- que golpeó a las empresas energéticas (cedieron en promedio el 1%) y la de los papeles financieros que quebraron al suba de las dos sesiones anteriores (cayeron un 0,4%) contribuyeron a la falta de entusiasmo alcista del mercado. Aunque no se diga públicamente, los balances del último trimestre generan algún resquemor.
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