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Obama, desde la playa de Hawaii, elude hablar
Fue una referencia catastrófica, porque en los primeros 14 meses de su presidencia, Kennedy tuvo que afrontar dos de las mayores crisis de la Guerra Fría: la construcción del Muro de Berlín, en agosto de 1961, y la crisis desatada por la instalación por la URSS de misiles nucleares en Cuba.
La frase fue un regalo para los republicanos, porque insinuaba que Obama carecía de experiencia para ser presidente. Claro que lo que nadie esperaba entonces era que la primera prueba para Obama viniera de un aliado de EE.UU.: Israel. Y tampoco que llegara antes de que asumiera la presidencia.
Tesis
Pero en Washington, la opinión generalizada es que, con su bombardeo, Israel no sólo está actuando sobre Hamás, sino que también está dando un mensaje a la futura administración de EE.UU. Un asesor anónimo de Bush filtró a The Washington Post que Israel ha lanzado la ofensiva aérea porque quiere terminar con los ataques de Hamás antes de que Obama llegue a la Casa Blanca: «Israel no puede predecir cómo va a manejar esto la nueva administración. Y no quieren empezar de esta manera». Es decir, recibiendo a Obama con un bombardeo.
Esa tesis también se ve respaldada por la inhibición del presidente electo. Por ahora, Obama apenas habló de la crisis durante ocho minutos con la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, el sábado. Y su equipo se limitó a señalar que «el presidente electo agradeció la llamada telefónica y la información. Obama va a continuar siguiendo de cerca éste y otros eventos mundiales».
Esa actitud puede tener consecuencias. Porque confirma que el presidente electo reacciona con lentitud ante las crisis. Su pasividad es aún más relevante cuando se la compara con su activismo en las últimas semanas en lo relativo a la crisis económica. Claro que no es menos cierto que cuando el Tesoro de EE.UU. lanzó por sorpresa el programa de rescate de los bancos, a finales de setiembre, Obama también se mantuvo al margen.
En aquella ocasión, la respuesta, exagerada hasta el histrionismo, de su rival, John McCain, que trató de asumir un protagonismo desmedido en la crisis, salvó a Obama.
Pero ahora el futuro presidente no cuenta con un rival que oculte su falta de acción. Así que su silencio es todavía más estentóreo. Obama parece más preocupado con el acoso que sufre su familia por la prensa durante sus vacaciones en Hawaii que por la crisis de Gaza.


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