2 de junio 2010 - 00:00

Obama pisa el freno (en público)

En sus dieciséis meses de gestión, Barack Obama ha combinado idas y vueltas a la hora de definir posiciones sobre Medio Oriente. Se ha hablado de un nivel de desavenencias entre los gobiernos de Israel y EE.UU. inédito en dos décadas, pero el dato es que más allá de tonos, adjetivos y otros gestos, especialmente en lo relacionado con la ampliación de los asentamientos en Cisjordania, la sangre no ha llegado al río.

Desde enero de 2009, cuando Obama asumió casi en simultáneo con la impactante guerra de Gaza, se pudo percibir a un presidente que navegó entre la lealtad a la demanda de la base más progresista de los demócratas (a quienes había regalado promesas), y los márgenes estructurales de la política exterior norteamericana hacia Medio Oriente. Así como hay demócratas que piden más rigor, funcionarios tan influyentes como Hillary Clinton y el jefe de Gabinete, Rahm Emanuel, son señalados por analistas como quienes garantizan el camino ya recorrido por administraciones anteriores.

Mientras prime lo segundo a la hora de las decisiones concretas (condenas en el Consejo de Seguridad, reconocimiento de comisiones investigadoras, sanciones económicas, exigencias a las partes en disputa), el Gobierno de Benjamín Netanyahu cuenta con el oxígeno para llevar adelante políticas que, por otro lado, le son exigidas por gran parte de sus votantes.

Soledad

Nuevamente, Obama eligió ayer, casi en soledad en el mundo, no presionar a Israel sobre un terreno en el que conoce de antemano la respuesta del Gobierno de Netanyahu.

El argumento israelí para explicar su acción del lunes es el de la «legítima defensa» para evitar atentados terroristas, lo que genera tanta indignación en Europa como consenso en Israel y en sectores clave de EE.UU. Cuando arreciaban las quejas de Europa, Rusia, Naciones Unidas, el mundo árabe, América Latina, el Departamento de Estado apeló al reclamo de «prudencia».

En cambio, en medio de la cautela requerida, la administración demócrata dio señales de ver espacio para sumarse a otro pedido, esta vez sí unánime, como es el fin del bloqueo a la Franja de Gaza. La situación allí es «inaceptable», dijo Clinton. Netanyahu rechazó modificar el statu quo en términos contundentes. Sin embargo, no son pocos en Israel los que creen que, más allá de las muertes, la consecuencia concreta del asalto a Flotilla es que no queda margen para bloquear a ese empobrecido territorio.

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