Israel recibirá a Obama con una coalición de Gobierno tan reciente que juró ayer sus cargos y liderada por el mismo Benjamín Netanyahu, que dedicó su primera legislatura a maquillar con declaraciones de buena voluntad su estrategia de ignorar el diálogo y ganar tiempo ante la comunidad internacional.
A esto se suma que uno de sus principales socios de Gobierno, el partido ultranacionalista religioso Habait Hayehudí se niega de plano a toda entrega relativa a los territorios ocupados en la Guerra de los seis días, de 1967, muy en particular a Cisjordania y Jerusalén Este.
El propio Obama reconoció en una entrevista que ve "difícil ahora mismo" romper el estancamiento en el proceso de paz, en parte porque "es poco probable que algo suceda antes de que haya algo de estabilidad" en la política israelí.
Pero también hay motivos para el optimismo si se tiene en cuenta el nombramiento al frente del equipo negociador israelí de la nueva ministra de Justicia y antigua titular de Relaciones Exteriores Tzipi Livni, una auténtica convencida de la necesidad de la paz para salvaguardar el proyecto sionista.
Además, el diario israelí Maariv publicó ayer que, pese a los pronósticos, Obama "se centrará en tratar de impulsar las negociaciones de paz y mantendrá por ello al menos una reunión más con Netanyahu, no anunciada oficialmente y estratégicamente combinada a la vuelta de su entrevista en Ramala con el presidente palestino, Mahmud Abás.
En Palestina, Abás apuesta claramente por el diálogo con Israel, pero sólo controla Cisjordania (Gaza está en manos del movimiento islamista Hamás) y su estrategia es cada vez más cuestionada por una población que ve cada día crecer los asentamientos judíos y reducir sus ingresos por la crisis económica interna.
Su reelección el pasado noviembre despertó muchas esperanzas de que un Obama, libre ya de las ataduras de los comicios, fuerce la mano a Netanyahu todo lo que no se atrevió a hacerlo antes por miedo a espantar a una parte del electorado y a los grupos de presión proisraelíes de Estados Unidos. Pero nada hace presagiar una pulseada con Israel o un anuncio espectacular, como sugirió la afirmación de Obama en la citada entrevista de que su "objetivo" en esta visita es "escuchar".
"Obama no irá más allá de la retórica, simplemente porque no puede. No está rebajando las expectativas para encumbrar un éxito posterior o escudarse de la decepción, sino porque son bajas", escribió Alon Pinkas, ex cónsul general de Israel en Nueva York.
El influyente columnista de The New York Times Thomas Friedman, considerado cercano a la Casa Blanca, bromeó con que Obama será "el primer presidente estadounidense en el cargo en visitar Israel como turista".
Obama ya había dejado claro en su encuentro con líderes judíos este mes que no presentará iniciativa de paz alguna durante su estadía. Y Washington calificó luego de "absolutamente falsa" una información del canal 10 de la televisión israelí de que presentaría un "marco de trabajo" para reanudar las negociaciones.
Con este telón de fondo, el periodista israelí Haviv Rettig Gur se mostró directamente cínico. "Mientras los expertos se rascan la cabeza, estaría bien recordar la razón más prosaica por la que Obama podría estar haciendo el viaje: porque dijo que lo haría", concluyó Gur en The Times of Israel.
En efecto, poco gustó en el Estado judío que Obama no sacara unos días en sus primeros cuatro años en la Casa Blanca para pisar Israel, uno de sus principales aliados, pero sí encontrase tiempo para volar al vecino Egipto para pronunciar su famoso discurso de acercamiento al mundo musulmán, en junio de 2009.
| Agencia EFE |


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