Oro y glamour para olvidar en Alemania al Club de París

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Toda dorada. De pies a cabeza. Como una de las franjas de la bandera tricolor alemana y el sol de la Argentina. A miles de kilómetros de la austeridad (que disimulaba falta de creatividad), Cristina de Kirchner desembarcó en Alemania con un look glamoroso, que hacía rato no la decoraba.

Quizás el clima ayudó. La época deja en el limbo fashion a cualquiera por la transición entre estaciones, pero el otoño boreal le permitió mostrar algunos modelitos que tenía reservados para audiencias más exigentes.

El equipo que vistió el martes para compromisos antes de inaugurar el pabellón argentino de la Feria del Libro de Fráncfort (como el encuentro con el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Guido Westerwelle, y la firma del convenio de investigación con la Escuela de Fráncfort) sorprendió, no por la monocromía reiterada y según parece inevitable en la Presidente, sino por la elección del dorado. Dicen que es el color del invierno europeo. El informe de tendencias de Style pronosticó la moda del dorado y le puso nombre: «The gold economy» (la economía dorada). Y aunque no se trata de un tono cualquiera y no cualquiera puede llevarlo con gracia, Cristina de Kirchner se vistió de oro para su discurso en el Hotel Steigenberger Frankfurter Hof y hasta hizo juego con los cortinados del salón. Top de seda, y tailleur con falda y chaqueta. Las medias en un tono piel, poco habitual en la Presidente, que siempre las lleva negras opacas, casi del grosor de una calza. Para coronar, el collar de perlas tricolor, que no se quitó en lo que duró la gira excepto el último día, cuando sacó a relucir el de tres vueltas. Se colgó sus más atesorados brillos y logró deslumbrar, como pocas veces ocurre con su guardarropa de cabotaje.

Pero el equipaje le quedó chico a Cristina de Kirchner. Durante tres jornadas en tierras germánicas, el vestuario fue más versátil que en una semana en Nueva York. Como en sus mejores épocas, el cambio de vestuario varias veces al día fue la constante. Como si su exposición dorada no hubiera bastado, lució otro equipo ese mismo día para hablar en la Feria del Libro de Fráncfort. Más sobria, de blusa blanca, una torera pied-de-poule con botones dorados que combinaban perfectamente con el collar de perlas, y falda plisada negra (más larga que lo aconsejable). «Van a ver a una Argentina sin maquillaje», dijo, mientras su rostro pedía un poco de aire.

Entre seguidillas casi viciosas de tweets, sorprendentemente la Presidente encontraba tiempo disponible para sus transformaciones de look. El miércoles también lució varios modelitos, empezando por el tapado con el que desfiló sobre la alfombra roja desplegada para la ceremonia de bienvenida en Berlín. Llevaba un saco marrón, de corte A, tres cuartos, se entreveía la falda a cuadros, un foulard y unos zapatos negros con un taco sensato. Lástima el tercer botón abierto, que desordenó una imagen acertada. Esta vez la que desentonaba era la anfitriona, Angela Merkel, quien no es dueña del buen gusto y suele sorprender con absurdos (como el recordado escote que recorrió el mundo en fotos). La canciller alemana encandilaba con un blazer verde manzana, casi flúo combinado con un pantalón recto negro y unos zapatos chatos sin forma y un tanto descuidados.

Para la disertación ante científicos argentinos y alemanes y el encuentro con su par alemán, Christian Wulff, Cristina de Kirchner ya estaba mudada de nuevo hacia un traje negro de falda y chaqueta con top gris y blanco, todo en géneros brillosos.

Igual, la Presidente salió airosa de su visita a Alemania. Habrá que ver qué depara el vestuario presidencial para los próximos días, en una Argentina de clima incierto. Mientras tanto, debería mirar menos a la brasileña Dilma Rousseff y más a Michelle Obama.

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