5 de agosto 2015 - 00:00

Otra lección musical de Barenboim y la WEDO

Daniel Barenboim, de espaldas, y la solista de oboe Cristina Gómez Godoy, en el “Concierto para oboe en do mayor”.
Daniel Barenboim, de espaldas, y la solista de oboe Cristina Gómez Godoy, en el “Concierto para oboe en do mayor”.
West-Eastern Divan Orchestra. Director: Daniel Barenboim. Solista: Cristina Gómez Godoy (oboe). Obras de P. Boulez y W. A. Mozart (Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 3 de julio)

Continuando con su maratónica quincena de conciertos en Buenos Aires, Daniel Barenboim llevó el domingo y lunes pasados al público del Mozarteum Argentino un programa a priori llamativo, integrado por dos obras muy conocidas de la producción de Mozart y la muy compleja "Dérive 2" de Pierre Boulez.

Pero la mente prodigiosa de Barenboim es capaz de llevar el oído de un extremo al otro en una suerte de dramaturgia que maneja a la perfección y que dispone con sabiduría. En lugar de seguir un orden cronológico, el director ubicó en la primera mitad del programa la pieza de Boulez y así obtuvo una cuota mayor de concentración por parte del público. Instrumentada para corno inglés, clarinete, fagot, corno, violín, viola, cello, vibráfono, marimba, piano y arpa, "Dérive 2" propone en su versión ampliada una metamorfosis musical de tres cuartos de hora. La versión de los jóvenes de la West-Eastern Divan Orchestra guiados por Barenboim fue inquebrantablemente precisa, fluida y plasmó la riqueza y variedad tímbrica y dinámica de la obra.

Luego de este "tour de force" para intérpretes y oyentes, el discurso diáfano de Mozart resultó completamente resignificado. Tal vez no habría sido así si el Concierto para oboe en do mayor K. 314 no hubiera tenido una interpretación tan rica en matices, tan sonoramente tersa, tan inteligente en fraseo y tan técnicamente sobrada como la de la solista Cristina Gómez Godoy y la WEDO. O si la archifamosa "Pequeña música nocturna" K. 525 no se hubiera escuchado en una versión capaz de revelar detalles que suelen pasar inadvertidos, con esa habilidad de orfebre que tienen los grandes directores. Una vez más el gran vínculo que Barenboim ha establecido con su orquesta y que al mismo tiempo los músicos han establecido entre ellos posibilitó este milagro. En lugar de dejar el bis para el final, el director dio otro de sus "coups de théâtre" luego del concierto para oboe, acompañando al piano a Gómez Godoy en una romanza de Robert Schumann y logrando un momento de intimidad tan inesperada como agradecida.

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