11 de mayo 2011 - 00:00

Otro reto de Cristina a Moyano por amenaza de paralizar el país

Cristina de Kirchner durante el anuncio del hallazgo en Neuquén. Al lado, la maqueta de Ministerio de Desarrollo Social con la imagen de Eva Perón.
Cristina de Kirchner durante el anuncio del hallazgo en Neuquén. Al lado, la maqueta de Ministerio de Desarrollo Social con la imagen de Eva Perón.
No recurrió a eufemismos pero evitó marcar, con nombre y apellido, al blanco de su reto. Cristina de Kirchner reprochó ayer a Hugo Moyano su conducta dual: pedir, a los gritos, la reelección y, en paralelo, incomodar al Gobierno con medidas gremiales extremas.

La frase no habilita equívocos. «Preferiría -dijo- que en lugar de apoyarme pidiéndome que sea presidente, me apoyen tratando de que las cosas se solucionen sin necesidad de presiones y hechos que crean demasiada conflictividad, que no hacen bien a los argentinos».

El contexto del reto -lo descargó en el anuncio del hallazgo de un yacimiento en Loma de La Lata, Neuquén- fue emblemático: los bloqueos de refinerías, promovidos por militantes de Camioneros, alteraron por varios días la provisión de combustible.

No es necesario un intérprete político para determinar que ese conflicto detonó el malestar presidencial. Pablo Moyano, en quien el jefe de la CGT delegó el manejo del gremio, colaboró a esa furia al amenazar, sobre el fin de semana, con «paralizar» el país.

A «Pablito», Cristina pareció destinarle otro párrafo. «De repente, amenazan al resto de la sociedad que si no hacen tal cosa, pasa tal otra». En ese tono, cuestionó que «no deben someter de rehén al resto de la sociedad».

El reto llega en un mal momento porque condimenta las versiones, difundidas desde el kirchnerismo, de que la Presidente ensayaría un recambio en la conducción de la CGT: desplazar a Moyano para entronizar, en ese sillón, a Gerardo Martínez, de la UOCRA.

En la búsqueda de gestores de ese hipotético trueque, los reflectores se posan sobre Héctor «Chango» Icazuriaga, señor 5 de la SIDE. Para hoy, la Presidente tiene pautado un encuentro con Martínez, un jerarca con perfil antagónico a Moyano.

El camionero asoma atado a una suerte cruel: su enlace con Olivos, desde la muerte de Néstor Kirchner, quedó limitado a Julio De Vido, un ministro que prepara su retirada del Gobierno. Los diálogos del jefe de la CGT con Carlos Zannini jamás lograrían la empatía que tuvo con De Vido.

Ayer, al lado de Moyano, preferían atribuir el reproche presidencial al conflicto petrolero en Santa Cruz. Pero Juan Carlos Schmidt, cacique de Dragado y lugarteniente de Moyano en la CGT, admitió que los gremios deben «revisar algunos aspectos» de su metodología de protesta.

Hubo, en esas palabras, un dejo de autocrítica. «Ella nos pidió buscar un diálogo que nos permita tener una relación inteligente con la propia sociedad. Y en eso estamos», sostuvo ayer el dirigente.

Schmidt integra el ala del moyanismo moderado que colisiona con el grupo más ortodoxo, comandado por Omar Viviani. Los primeros se autodenominan «Los jesuitas» -nominación que gestó Horacio Ghilini, de SADOP-; los otros, por oposición, son conocidos como «El Opus».

La pulseada de los petroleros se destrabó hace 15 días con la intervención del gremio sureño, en lugar de Héctor «Chaco» Segovia. Una paradoja: el reemplazante fue Carlos Flaquier, directivo de la federación que conduce Alberto Roberti, socio político de Francisco de Narváez.

En el dominio K perdura un cisma, con cortes de ruta, vinculado a un reclamo docente.

Convocatoria

Sin embargo, la Presidente vistió un reto específico -a camioneros y a petroleros, asunto donde dispuso la intervención- con un planteo genérico: habló de «racionalidad» y convocó a «encontrar la armonía». Un aporte al cristinismo versión zen.

En otro juego de palabras, antes se refirió a «hallazgos institucionales» en referencia al diálogo social entre gremios y empresarios. En primera fila, aplaudía Ignacio de Mendiguren, titular de la UIA.

La advertencia es la cuarta que, en 60 días, lanzó la Presidente sobre la jerarquía sindical. La ráfaga más intensa ocurrió durante su mensaje al Congreso, el 1° de Mayo, cuando dijo que quería ser «compañera pero no cómplice» de los sindicatos. Ardía, en estas horas, el conflicto de Aerolíneas Argentinas.

Un mes después, frente a los primeros movimientos por las paritarias, pidió «racionalidad», mención que repitió la semana pasada, frente a frente, con la cúpula de la CGT.

La de ayer tuvo, además, otro componente. Aunque Pablo Moyano selló un acuerdo el sábado, en estas horas vence la conciliación obligatoria de Petroleros Privados de Roberti con las refinerías. Pide el 35% de aumento pero viene de acordar en la rama Gas una suba del 24% más adicionales. Si no hay respuesta, podría paralizarse la actividad.

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