29 de septiembre 2011 - 00:00

Ovacionó el Colón al Vienna Piano Trio

La calidad individual de los músicos del Vienna Piano Trio, cada uno de ellos de una excelenciainnegable, parece ser sólo un engranaje de una máquina de hacer música más que perfecta.
La calidad individual de los músicos del Vienna Piano Trio, cada uno de ellos de una excelencia innegable, parece ser sólo un engranaje de una máquina de hacer música más que perfecta.
Vienna Piano Trio. Obras de W.A. Mozart, F. Schubert y D. Shostakovich (Mozarteum Argentino. Teatro Colón, 26 de septiembre).

No es vano el prestigio que tiene ganado el Vienna Piano Trio -Wiener Klaviertrio en su idioma original-, que acaba de presentarse (con dos programas distintos, de los cuales comentamos el primero) en el Teatro Colón para el Mozarteum Argentino. La calidad individual de los intérpretes, cada uno de ellos de una excelencia innegable, parece ser sólo un engranaje de una máquina de hacer música mucho más que perfecta. Si la audición de sus discos sorprende, la experiencia de verlos tocar depara el placer de advertir cómo los tres entablan un contacto visual permanente, respiran juntos y hasta piensan y sienten juntos en cada frase, en cada inflexión de la articulación, la música que interpretan.

El repertorio del lunes contrastó a dos de los genios que dieron a Viena un brillo insuperable durante el clasicismo y el temprano romanticismo (Mozart y Schubert) con el desgarrador mensaje de Dmitri Shostakovich, dotando a la música de cada uno de estos autores de su enfoque interpretativo más apropiado. Así, el «Trío en Sol mayor» KV 496 de Mozart transcurrió por las sendas de una delicadeza sin afectación, y resultó notable la dosificación del pedal en el piano (y un sonido perlado en los dedos del notable Stefan Mendl) y el control del vibrato en las cuerdas de Wolfgang Redik (violín) y Matthias Grendler (cello), con un trabajo detallado de dinámica y articulación.

Otro tanto cabe decir para el sublime «Trío en Si bemol mayor» D. 898 de Franz Schubert, cuya interpretación a cargo del trío vienés fue una muestra del mejor balance posible entre transparencia, claridad retórica y expresividad; dentro de esta obra se destacó la variedad de colores otorgados al tercer movimiento (Scherzo). El difícil «Trío en mi menor» opus 67 de Shostakovich -difícil ya desde los armónicos iniciales del cello- fue vertido con una expresividad nunca desbordada, y su densidad sonora brindó un contraste adecuado entre la diáfana perfección de Mozart y Schubert.

W significativo el hecho de que como bis el Vienna Piano Trio no haya elegido un fragmento breve, ligero y efectista (como otros hubieran hecho) sino un movimiento extenso, profundo y complejo: el Poco adagio del «Trío en fa menor» opus 65 de Antonin Dvorak: fue un generoso premio a la ovación del público, un gesto de entrega y una evidencia de que los 10 años que hace que comparten escenario afortunadamente no los han llevado a la rutina sino a una capacidad de reinventarse permanentemente, y eludir la categoría de «círculo de virtuosos» para ser un mucho más atrayente «círculo virtuoso».

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