8 de mayo 2013 - 00:00

“Para hablar de la vida es necesario hablar de la muerte”

Montero:”El diario de Marie Curie fue como un espejo de aumento para poder sacar palabras y temas que llevaban años dando vueltas en mi cabeza”.
Montero:”El diario de Marie Curie fue como un espejo de aumento para poder sacar palabras y temas que llevaban años dando vueltas en mi cabeza”.
"Estaba bloqueada con una novela que venía escribiendo cuando, de pronto, este libro inclasificable me estalló en la cabeza", explica Rosa Montero sobre "La ridícula idea de no volver a verte", obra que publicó Seix Barral, y que la escritora y periodista española vino a presentar en la Feria del Libro. Rosa Montero estudió periodismo y psicología, entre sus novelas están "Te trataré como una reina", "La hija del caníbal", "El corazón del Tártaro", "Instrucciones para salvar el mundo", "La loca de la casa". En su breve visita a Buenos Aires, dialogamos con ella.

Periodista: Alguna vez escribió que "no se sale de un infierno sin algunas heridas", ¿esa idea tiene que ver con su nuevo libro?

Rosa Montero:
Evidentemente, vivir va dejando cicatrices. No es malo. Siempre he tenido un gusto raro por las cicatrices. Mis personajes están llenos de cicatrices, pierden dedos y manos con una facilidad pasmosa, preocupante. Yo también estoy llena de cicatrices reales y me gustan, una cicatriz tiene una historia detrás.

P.: ¿Es cierto que "La ridícula idea de no verte" le apareció por sorpresa?

R.M.:
Surgió como un torrente, como si hubiera abierto una espita. No sabía que el libro estaba ahí, pero me lo encontré prácticamente hecho en mi cabeza. Un libro nace de un huevecillo, que es un germen, que puede ser una imagen, una idea y de repente se te mete en la cabeza y se hace tan grande para ti, te emociona tanto, que te dices: esto tengo que compartirlo. Ahí empieza a crecer orgánicamente la novela, hojita a hojita, poquito a poco, y eso dura tres años. En este caso no fue así. Estaba escribiendo otra novela, que llevaba año y pico preparándola, desarrollándola, y al tercer capítulo me bloqueé. Y no me quería decir que estaba bloqueada, porque lo que no se nombra no existe. Pasé tres semanas con angustia porque veía que no me sentaba, que algo no funcionaba. Y con el miedo de bloquearme, porque ya me bloqueé una vez durante cuatro años. Ahí recibo el mail de Elena Ramírez mi editora de Seix Barral, que es un genio y una bruja buena, que me mandaba el diario que escribió Marie Curie tras la muerte de su marido, que un día salió de casa y lo atropelló un carro y lo mató en el acto. Durante todo el año siguiente Marie Curie escribió 28 páginas de un diario absolutamente desgarrador que dirige a su marido. Un diario de duelo. Mi editora quería que le hiciera un prólogo, para una colección de libros pequeñitos, sobre la superación del duelo o si no me dice, quién sabe, si será bruja, acaso las cosas terminan siendo de tal forma que en vez de ser un prólogo del libro termina siendo un apéndice de un libro tuyo. Es lo que pasó. En cuanto empecé a leerlo me estalló dentro de la cabeza. Estaba ahí. Tanto el diario como la vida de Marie Curie, que es una vida gigantesca, más grande que la vida, era como un espejo de aumento, como un altavoz para poder reflexionar, para poder sacar palabras y temas que llevaban dos o tres años dando vueltas en mi cabeza como lentos peces abisales.

P.: La sorpresa fue, entonces, que ese libro impensado ya estaba en usted.

R.M.:
Así como cuando se escribe una novela una cantidad de tiempo, es una escritura tediosa, es picar piedra, uno se tiene que arrastrar a la escritura como quien arrastra a un gatito a la mesa, en éste salió como un torrente. En once meses lo escribí. Como si ya estuviera hecho en mi cabeza.

P.: Acaso eso se debió a que usted venía del duelo por la muerte de su marido Pablo Lizcano, que, como el de Madame Curie, era un cómplice en su desarrollo profesional.

R.M.:
Tuve la suerte de que el mundo en que he vivido no era tan machista. El de mi primera juventud, el del franquismo, sí lo era, y mucho. Pablo, efectivamente, no pertenecía a ese mundo. Estuvimos juntos 21 años. En toda relación hay siempre una pulseada, una tensión. Tuvimos nuestros altibajos. Cuando murió, mis amigos me dijeron por qué no escribía un libro de duelo, pero no sentí esa necesidad ni pensé que podía hacer algo así. No me gusta para nada hacer literatura autobiográfica. Mis novelas no son autobiográficas, lo que no quiere decir que no salgan del inconsciente; por supuesto que me representan profundamente. Si con el diario de Marie Curie he podido reflejar también mí duelo es porque ya había pasado el tiempo. Ya tenía la distancia suficiente de, al afrontar mi duelo, poder hablar del duelo de todos. Ya no tenía que hacer un libro testimonial, que es lo que no me gusta para nada.

P.: Eso la lleva a contraponer al duelo el entusiasmo vital.

R.M.:
"La ridícula idea de no volver a verte" trata de la vida, y de la manera de aprender a vivir mejor, de una forma más serena, más plena, más ligera, más madura. Pero si se quiere hablar de la vida es absolutamente necesario hablar de la muerte, y de la pérdida. No se puede aprender a ser feliz, en esa felicidad que creo que es la única que hay, en esa plenitud serena del aquí y el ahora, si no se llega a cierto acuerdo con la muerte y con la realidad. Es necesario pasar por ahí para poder ser feliz. Este libro me apareció como una especie de conversación intima, sosegada, casi como un susurro con alguien muy querido en un rincón hermoso de una casa, viendo un paisaje de montañas. Quise que fuera como esos momentos mágicos de conversación con un amigo donde parece que te estás entendiendo hasta el final. Eso fue lo que quise capturar. Pensé las fotos como si le mostrara fotos, y le dijera: mira ésta, mira ésta.

P.: Usted no se reduce a hablar de la vida de Madame Curie o de sus ideas y experiencias, reflexiona sobre la vida de otras mujeres.

R.M.:
Hace un montón de años en "Historia de mujeres" ya citaba a Marie Curie, la única persona con dos premios Nobel en ciencia. Las mujeres han tenido a lo largo de la historia, como lo demuestra Marie Curie, circunstancias dificilísimas. Cuando ella era niña, las mujeres tenían hasta prohibido estudiar en las universidades. Quise recordar a mujeres que han hecho mucho y se han perdido para la Historia; porque, como dice Dacia Maraiani, cuando la mujer se muere, se muere para siempre. Ahora está cambiando esto. Pero la Historia ha sido una Historia de hombres, y las mujeres no han formado parte, y hay mujeres que han hecho cosas increíbles.

P.: ¿No cree que ciertos párrafos revindicativos la llevan hacia el feminismo?

R.M.:
Para nada, para ser feminista tendría que dar con doctrinas o decir ideas, y lo que hago es plantear preguntas. Por ejemplo una de las cosas que me gustaría saber, es ¿qué demonios es ser hombre y ser mujer?, que no lo sé. ¿Adónde empieza lo biológico y acaba lo cultural? No lo sabemos. ¿Cuáles son los roles? ¿Cuál es nuestra especificidad?

P.: ¿A qué género literario piensa que pertenece "La ridícula idea de no volver a verte?

R.M.:
Es muy difícil. Los libreros estaban desesperados. No sabían dónde ponerlo. Resultaba inclasificable. No es una novela. No es un ensayo. Podríamos llamarlo, ensayo narrativo, por ejemplo. Tiene la distancia con los temas que yo tengo con los personajes de mis novelas, tiene una estructura narrativa. Vargas Llosa dice que las novelas siempre están girando en torno a un cráter que es una escena central, que no sólo es la acción sino también el sentimiento y el subtexto que surge de allí. Y eso en mi libro es la escena del hospital. Tiene una estructura muy pensada, un modo de aproximarse muy narrativo. Es una novela verdadera o un ensayo narrativo.

P.: ¿Va a trabajar en televisión?

R.M.:
Entré en algo ya pensado por Eliseo Álvarez. Es una miniserie en 4 capítulos sobre "Las mujeres de los dictadores", las que estuvieron con Hitler, con Mussolini, con Stalin y con Franco. Y no hablar sólo de las mujeres oficiales sino también de las amantes. Y cómo veían esa dictaduras a la mujer, qué lugar ocupaba.Es una forma muy reveladora de ver cómo eran aquellas dictaduras. Por ejemplo Mussolini dijo que "las mujeres y las masas están hechas para ser violadas". Es muy interesante ver cómo necesitan tener un revuelo de mujeres alrededor todos los días, y en la mayoría de los casos son super jóvenes, son casi pedófilos. El poder que tenían con ellas era un poder demagógico y populista muy fuerte. Les gustaban niñas muy manipulables, muy incultas, completamente admirativas, rendidas fans de su grandeza melagomaníaca. En eso no entra Franco, lo suyo es otra cosa. No es mujeriego, nada que ver. Tiene una mujer en su vida, Carmen Polo. Establecen una relación de muchas parejas tradicionales, tan típica, en la que la mujer es el motor de la ambición del hombre. Es posible que sin Carmen Polo no hubiera llegado a ser el dictador que fue. En tanto que en los otros casos, las mujeres son intercambiables y poco importan.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora? ¿Volvió a la novela que dejó por estar bloqueada?

R.M.:
No, la tengo en la heladera todavía. Ocurre en una selva centroamericana, caribeña. Me sigue pareciendo emocionante, pero es una novela muy oscura. Muy dura, por ahora no sé si quiero estar ahí. Así que voy a hacer otra novela de Bruna Husky, la detective replicante en Madrid de 2059. Tango muchas ganas de escribirla.

Entrevista de Máximo Soto

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