Se suponía que la sesión iba a estar vacía de grandes noticias. De hecho, a la hora del desayuno, el mercado estaba «silencioso» y, tal vez, hasta sospechosamente silencioso. Pero al final de la jornada, los titulares de lo más granado de la prensa amarillista financiera (la hay y cada vez parece ser más) se tiñeron de rojo. ¿Qué pasó?: lo impensado, el mercado bursátil sufrió la mayor baja en lo que va del año. ¿Cuánto? (por favor, no se ría ni se sonría): el 1,57% que dejó para hoy al Dow en 12.759,15 puntos. Si esto no es una «tragedia griega», no sabemos qué puede serlo. Pero la tragedia no es lo que bajó el precio de las acciones (ni el 1,9% que cedieron el precio del oro y el del petróleo o la caída de la tasa de 10 años al 1,944%, lo que debiera ser visto como una buena noticia), sino la manía de culpar a las incertidumbres que rodean a Grecia (en particular, si el canje será exitoso para el Gobierno o no -más del 90% de adhesión-, si deberá recurrir a una serie de juicios colectivos para forzar a los acreedores a que se plieguen al canje, dilatando la «normalización» hasta quién sabe cuándo, o si los «hold outs» tendrán suficiente peso como para forzar el default) y a la disminución que se está viendo en la economía global (el PBI europeo se contrajo un 0,3% el último trimestre y el brasileño apenas trepó un 1,4%) por la falta de entusiasmo alcista de los inversores. Lo real es que tanto lo que sucede en Grecia como lo de la economía global son «noticias viejas», venimos comentando hace tiempo. Si algo se puso en evidencia durante la recuperación bursátil iniciada en 2009 es que lo que pasa con la economía y lo que pasa en el mercado financiero corre por caminos muy diferentes. Dicho esto, no minimizamos en nada lo que está pasando en Europa o el resto del mundo (de hecho, si algo hacemos es alertar una y otra vez de los peligros potenciales que aquejan al mercado), pero si algo no vimos en la exigua baja que tuvieron ayer los precios es una «señal» de temor o desconfianza.
Sin duda que en algún momento la economía real y las finanzas habrán de converger, pero esto no fue ayer y posiblemente tampoco sea hoy, aunque es justo reconocer que no tenemos la menor idea de cuándo ocurrirá.
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