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Pases frenéticos en la UCR para acomodarse en la interna de abril
Ernesto Sanz sigue de campaña en una carrera por instalarse para la interna previa de abril. Ayer copó una esquina básica de toda puja porteña: Florida y Diagonal Norte.
Haciendo gala de su capacidad de supervivencia, los viejos alfonsinistas son los más activos por estos días en ese afán de encontrar un lugarcito al sol que les permita, al menos, negociar candidaturas y renovar cargos.
No es un secreto que tanto Federico Storani, como Leopoldo Moreau abandonaron la tropa de Julio Cobos. Imposible que se mantuvieran allí perdiéndose la posibilidad de negociar en una interna, cuando el vicepresidente anunció que hasta agosto no jugará. Así, inclusive, les queda la opción de una doble apuesta.
En ese camino de salida del cobismo, los seguidores de «Fredy» anunciaron su apoyo a la lista de Sanz, donde Jesús Rodríguez, armador de la campaña del mendocino debería esperarlos con los brazos abiertos.
Nada de eso. Tanto la militancia de Storani como la de Moreau, pasaron de largo hacia el alfonsinismo, configurando así una de las mayores curiosidades de los últimos tiempos en una interna partidaria: pasaron de combatir a Alfonsín en la elección contra el cobismo bonaerense a intentar ahora subirse al tren para la interna contra Sanz. En realidad, no debería sorprender tanto.
Idas y venidas
Los punteros radicales van y vienen por estos días ofreciendo votos a quien pique. Está claro que el mayor movimiento se da en la provincia de Buenos Aires, incluyendo a storanistas y leopoldistas, donde viajan de la oficina de Miguel Bazze, mano derecha de Alfonsín, a la de Jesús Rodríguez. «Están todos en el mercado», resumían ayer en el Comité Nacional.
La realidad es que ninguno de estos movimientos debería sorprender. De hecho muchas de esas actitudes en los últimos años son la que llevaron a la UCR a reducirse a su mínima expresión y los mismos protagonistas fueron quienes estuvieron a cargo de esos procesos.
Pero hay otra sensación que sí provoca temor tanto en los cuarteles de Alfonsín como en los de Sanz. El kirchnerismo, tras ocho años de ejercicio irrestricto de sus costumbres políticas, instaló un sistema de control de gobernadores e intendentes con la caja que si bien tuvo su punto mas brillante en la Concertación que se llevó del radicalismo a Julio Cobos como vicepresidente de Cristina de Kirchner y a otros cuatro gobernadores, en una sangría de radicales que parecía no tener fin.
Hoy, en medio de la campaña, la conducción de la UCR ya ve con espanto que muchos líderes provinciales no quieren meterse de fondo en una campaña nacional. Esto es, avanzan con el armado en sus provincias, pero dudan de la pelea con el Gobierno que les supone apoyar a Sanz, a Alfonsín o al propio Cobos en una compulsa contra Cristina de Kirchner. En el Comité Nacional describen el proceso con crudeza: «Se hacen los boludos», dicen sobre los dirigentes del interior, algunos con mando territorial e inclusive muchos que se fueron al kirchnerismo con Cobos y hoy volvieron.
Ese es hoy el mayor problema que enfrenta la UCR en una campaña donde cualquiera de los tres precandidatos debe conseguir que las segundas líneas peleen por la presidencial y no se limiten, como en la provincia de Buenos Aires, a buscar lugares en listas y cargos dando así por perdida la batalla de fondo.


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