"Para los agentes de espionaje, Barack Obama dio vía libre al control de los líderes europeos", tituló el periódico la nota sobre la historia que está crispando las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y sus aliados y está generando una tormenta política al Gobierno demócrata (ver págs. 14 y 15).
Obama "nos abandonó a nuestro destino, tomando distancia de este escándalo", sostuvo una fuente. El presidente "quizás no haya recibido informaciones específicas sobre el espionaje a los líderes, como afirma la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), pero seguramente todo el Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca sabía lo que estaba sucediendo y sostener lo contrario es simplemente ridículo", añadió.
"Aún no está claro cómo se llevó a cabo esta vigilancia", relataron, en tanto, dos exaltos funcionarios de inteligencia. "Pero si un líder extranjero está bajo control y sus llamados son interceptados, el embajador de Estados Unidos en el país aliado y el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca que se ocupa de las relaciones con estos países seguramente reciben informes regularmente", agregaron.
Si espiar a líderes extranjeros es una novedad para la Casa Blanca, quiere decir que los funcionarios del Gobierno no han estado leyendo sus informes, explicaron los agentes.
En definitiva, explicaron estas fuentes, "cualquier decisión de espiar a líderes extranjeros de países amigos es tomada con la contribución del Departamento de Estado, que debe considerar el riesgo político de la operación".
Cualquier otra información recolectada y considerada útil es entregada al consejero del presidente para la lucha contra el terrorismo, actualmente Lisa Monaco, así como a otros funcionarios destacados de la Casa Blanca, revelaron.
De estas palabras se vislumbra la tensión que existe actualmente entre los agentes y el poder político, una puja siempre peligrosa pero más aún cuando lo que está en discusión es un poder al parecer autónomo del sistema de inteligencia, tal la sospecha de la Casa Blanca y el Congreso. Y es que en Washington parece haber empezado la lucha por encontrar un chivo expiatorio, alguien a quien atribuir toda responsabilidad a fin de calmar la rabia de los europeos y, a la par, intentar salvaguardar lo más posible la imagen de Obama, que llegó a esta instancia deteriorado por las negociaciones con la oposición republicana para evitar un default.
| Agencia ANSA y Ámbito Financiero |


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