A Néstor Kirchner lo acecha una segunda derrota: en los próximos días, Daniel Scioli delegará en una mesa de gobernadores el manejo del PJ. Con ese movimiento, se limitará al extremo la influencia que el ex presidente mantenía -a pesar de haber renunciado tras perder la elección- en la jefatura del partido.
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Luego de una ronda de consultas con otros mandatarios y dirigentes peronistas, el bonaerense comprobó que la transición en el partido, luego de la derrota en Buenos Aires, sólo podrá operar sin una intervención, expresa o implícita, del ex presidente.
El libreto general, en todas las conversaciones que mantuvo Scioli en los últimos días, fue coincidente en ese aspecto: el patagónico no puede pilotear, menos camuflado en Olivos, el proceso de ordenamiento partidario. En definitiva, es el padre de la crisis del PJ.
El operativo tiene una línea unívoca donde, aun con matices, coinciden todos los caciques peronistas. Hay, sin embargo, capítulos abiertos respecto de los factores que incidieron en que se acelere la formación de la Comisión de Acción Política (CAP), sobre su integración y respecto de la agenda.
Veamos:
Daniel Scioli esperó en vano a José Alperovich. Había pautado una cita pero el tucumano prefirió otro destino: se zambulló en una larga charla con Néstor Kirchner. Esa misma tarde, el mendocino Celso Jaque recibió un llamado de la Casa Rosada: su coterráneo Juan Carlos «Chueco» Mazzón le avisó que «Kirchner prefiere que no hables con Scioli». Para el bonaerense, que en privado insistía en exponer la conveniencia de «no tirar a Néstor por la ventana», fue un golpe duro e inesperado: comprobó, una vez más, que aun herido, el patagónico no pierde la capacidad de daño. Esa noche, tras una charla con Alberto Balestrini en el Banco Provincia, decidió que «cuanto antes» dejará el manejo del PJ en un grupo de gobernadores.
Esa determinación aparece atada a otras cuestiones. La más relevante es el llamado o no de Cristina a los gobernadores. Esa alternativa, que comenzó a explorar la Presidente antes de emprender la fallida gira por Centroamérica -y que oficializó Jorge Capitanich- está en zona de definiciones, y el bonaerense supone que esa instancia podría acelerar o adormecer, según el clima y el resultado de la reunión, la conformación de la CAP. La cita de la Presidente aparecía anoche, según el clima en la Casa Rosada, prácticamente desactivada.
Si no se concreta la cumbre, Scioli podría entregar la llave del PJ la próxima semana una vez que se ordene la agenda común y, sobre todo, se logre un mínimo acuerdo sobre los que formarán parte del staff de la CAP. El bonaerense dice que no le importa estar o no allí -en rigor, quiere enfocarse en la gestión- y que coincide con el esquema de que lo integren gobernadores ganadores. De allí surge, como primer indicio, la «Mesa de los cinco» en la que figurarían Mario Das Neves (Chubut), Juan Manuel Urtubey (Salta), José Luis Gioja (San Juan), Capitanich (Chaco) y Alperovich (Tucumán). A ese esquema podrían agregarse referentes legislativos, entre ellos José Pampuro y Eduardo Fellner. A más tardar, anticipan cerca de Scioli, en 15 días éste delegará la transición en ese directorio peronista.
El otro asunto refiere a las posturas y la agenda. «No vamos a parcelar el PJ, pero que Kirchner no se meta», le dijeron, palabras más palabras menos, Urtubey, Das Neves, Gioja y Capitanich a Scioli en las conversaciones que mantuvieron la semana pasada. Pero, en simultáneo, quizá creyendo que hablaban con el mensajero de los Kirchner, le juraron que no quieren convertir al PJ en una trinchera para castigar al Gobierno. Hasta los más combativos entienden que, siquiera por ahora, no hay proyecto posible contra Kirchner porque, como mínimo, se reservará para el 2011 la capacidad de daño. La analogía remite al Menem del 99, que, más allá de los tropiezos de Eduardo Duhalde, contribuyó -por acción o por omisión- a la derrota del peronismo en la presidencial.
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