24 de noviembre 2014 - 00:00

Pese a la Fed, la liquidez no cesa

Mario Draghi
Mario Draghi
 La oferta de liquidez internacional no dejará de fluir aunque la Fed haya dado un paso al costado al bajarle la persiana al QE3 a fin de octubre y el dólar fuerte muerda los talones de más de uno. Es el mensaje que retumbó el viernes para regocijo de los mercados globales. Sorprendió China (como siempre) con una baja de tasas de interés y sorprendió más Mario Draghi con una prédica montada en la urgencia por actuar (un sello personal, no del BCE que comanda). No puede hablarse de coordinación -no existe tal cosa como un eje Francfort-Pekín en los sueños de nadie- pero el impacto del uno-dos informativo fue muy potente. Queda claro que la comunicación es el arma más poderosa que tienen los bancos centrales. Se puede desenfundar con facilidad y surte efectos inmediatos, antes que la propia ejecución de lo anunciado. En circunstancias en las que lo prometido no se puede cumplir, pero suena sensato, o coincide con lo que la gente quiere escuchar, su utilización es imprescindible. No hay allí sustituto eficaz disponible.

Llanero solitario

En esa inteligencia, el ignífugo Draghi volvió a la carga cual si fuese un cruzado (¿o el Llanero Solitario?). Nunca el romano fue más enfático. Ni cuando en la última reunión del BCE remarcó sus dichos a favor de la expansión cuantitativa y los avaló con todos los papeles en regla. El BCE hará "lo que deba hacer" para levantar "la inflación y las expectativas de inflación lo más rápido que sea posible", dijo. ¿Qué parte no se entendió? Draghi se comprometió a intensificar y ampliar los canales de intervención -ajustando el tamaño, la velocidad o la composición de las compras de activos- hasta tornar la política efectiva. No mencionó el QE soberano, pero sabe que es la idea fija de quienes lo escuchan.

Sin embargo, evaluar la estrategia del BCE requiere una medición precisa. Draghi prometió expandir la hoja de balance en 700 mil/1 billón de euros el 3 de octubre pasado. Y lo ratificó el 6 de noviembre. Transcurrido un mes y medio -no hay que olvidar que aquí corre la prisa- los activos en cartera no aumentaron sino cayeron en 25 mil millones de euros. De momento, el italiano tiene más crédito fuera que adentro de la institución que dirige.

Margen de error

China es otra historia, una dinámica distinta. Lo que el Banco del Pueblo anuncia rige de inmediato, tras el fin de semana, al contado. Después de dos años de quietud, gatilló una baja de 40 puntos base en la tasa activa a 1 año dejándola en 5,60%. Y recortó en menor medida -25 puntos base- la tasa pasiva de referencia para depósitos de igual plazo. La lectura estándar es que el banco central responde a la desaceleración de la actividad económica, y a los problemas de financiación de las compañías. Pero el margen de error en la interpretación es más grande que en Europa. Aquí hay que penetrar dos opacidades y no solo una. El funcionamiento del sistema financiero chino es una caja negra, que a su vez está alojada dentro de otra mayor que es la economía del país. El banco central, por ejemplo, explicó la baja de tasas como una medida neutral y no de relajamiento. ¿Está diseñada para proveer estímulo neto o sólo para compensar un factor temporario de contracción? Difícil saberlo a la distancia.

Aún así hay un hilo conductor común, visible cuando se rastrean los efectos de los anuncios. No hay que mirar a las Bolsas como a los mercados de divisas. Draghi quiere un euro débil y lo logra desde junio (aunque fracase sistemáticamente en aumentar los activos de la Fed). Los japoneses ansían lo mismo (más ahora que los jaquea una seudorrecesión), y han conseguido un yen en caída libre. ¿No está China reaccionando a la apreciación no deseada -de rebote- del yuan renminbí? Es un conjunto de monedas de Asia -el bloque del yen- el que se mueve a contramano. Basta mirar los precios de exportación chinos a EE.UU. -caen en yuanes (hay deflación mayorista desde 2012) y suben en dólares- para comprender que no alcanza con sacrificar márgenes de rentabilidad para contrarrestar la apreciación cambiaria.

Desde ya: todos los países no podrán devaluar a la vez. Pero no hay trabas para crear -o al menos, anunciar- más liquidez interna. Y hay buenas razones para hacerlo si la desinflación pende sobre sus cabezas.

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