- ámbito
- Edición Impresa
Pese a Rodrigazos, tablitas, híper y el 1 a 1, nada cambia
José Luis Espert
Pero en realidad, el pago de la deuda pública debería ser también responsabilidad de las provincias. Casi toda su deuda está nacionalizada a tasa subsidiada, con la Nación asumiendo el costo de pagar tasas de mercado con los bonistas privados y además todas sufren serios problemas fiscales por lo irresponsables que han sido en el manejo de la cosa pública durante la etapa de vacas gordas 2003-2008. De esta manera, la base de cálculo para generar los $ 25.000 millones del FDA debería ser la recaudación consolidada de la Nación más las provincias de $ 400.000 millones, lo cual requiere un ajuste del gasto público más suave y compartido entre Nación y provincias. Ésta sería la segunda alternativa.
Éstas son la propuestas que deberían hacerse al Gobierno ahora que anda diciendo que escucha ofertas para pagar la deuda sin el FDA, en vez de la propuesta del diputado Francisco de Narváez o el ex secretario de Hacienda de la hiperinflación de 1989, Mario Brodersohn, de colocar un bono medio compulsivo a los bancos que lo único que evita son los embargos de los holdouts y los fondos buitre, en el mejor de los casos.
Pero en realidad, el problema macro de corto plazo no es tanto el pago de la deuda como el nivel de gasto público que está pidiendo a gritos un ajuste hacia abajo en términos reales. Si no, miremos el récord de presión impositiva, la guerra por plata contra el campo de 2008, el robo a los que ahorraban en las AFJP, la emisión monetaria creciente que va rumbo al Estado y el zarpazo sobre el Banco Central. Y nada de todo eso alcanza.
Si no se lo baja en términos nominales, la devaluación, algún día lo volverá a hacer como tantas veces ya lo hizo a lo largo de nuestra historia por culpa de pésimas políticas económicas primero y ya en el final del ciclo, por culpa de los «condicionantes políticos» (clientelismo y corrupción) que impiden el ajuste nominal.
Ese ajuste hacia abajo del gasto público nominal es cada vez más necesario y más todavía cuando se complica el canje de deuda con los hol-douts (por el culebrón del Fondo de Desendeudamiento y el desastre del INDEK) que a lo mejor permitiría la colocación de deuda pública a alguna tasa de interés todavía desconocida como para que el Gobierno consiga más fondos y pueda mantener algún relajamiento fiscal.
Hay que pellizcarse para entender que no estamos soñando en la Argentina: los liberales truchos de los 90 nos endeudaron tanto con el exterior que terminamos en un megadefault y un superatraso cambiario y los progres truchos de Duhalde y los Kirchner hicieron puré los salarios reales con la devaluación de 2002 y ahora quieren usurpar la garantía en dólares que tienen los depósitos de la gente en los bancos para pagarle la deuda a la vieja y «maldita» patria financiera internacional.
Y más increíble todavía resulta que algo que comenzó por plata (pagar la deuda con reservas porque hay déficit fiscal y nadie nos presta) se haya convertido ahora en un problema fiscal y político de un tamaño fenomenal que todavía tiene final incierto.
Así, el progreso es cuento chino.


Dejá tu comentario