11 de junio 2009 - 00:00

Pinta tan bien el tedio que casi contagia al film

Aunque tiene buena observación de caracteres e ideas para reflexionar, «Una semana solos» es la morosa descripción de cómo pasan las horas unos chicos aburridos.
Aunque tiene buena observación de caracteres e ideas para reflexionar, «Una semana solos» es la morosa descripción de cómo pasan las horas unos chicos aburridos.
«Una semana solos» (Argentina, 2008, habl. en español). Dir.: C. Murga. Guión: C. Murga, J. Villegas; Int.: M. Capobianco, E. Capobianco, I. Giménez, G. Luparo, R. Saludas, L. del Bo, N. Gómez Alarcón, F. Peña, M. Aparicio, M. Brown.

Uno de los méritos de esta película, es que no pasa nada. También, lógicamente, uno de sus defectos. Se trata de la morosa descripción de cómo unos chicos aburridos pasan el tiempo mientras sus padres están de viaje. Los dejaron con sus primos, también solos, al cuidado de la hija mayor, adolescente harto aburrida, la doméstica, demás domesticada, y los encargados de vigilancia del country donde transcurre la historia, unos fulanos sin autoridad ante los hijos del dueño, pero que se hacen medianamente los duros ante algún cuerpo extraño o algún caso de vandalismo por aburrimiento.

También está el hermano de la doméstica, otro adolescente aburrido, pero de distinta jerarquía social y pelaje, que justo viene ahí a pasar unos días con la hermana. Los locales no le conceden mayor espacio, pero más o menos a la hora de proyección uno de ellos llama a la madre para reclamar su expulsión, sólo porque le molesta su presencia. El resto de la película sigue más o menos así, con momentos de buena observación de caracteres y otros donde la leve crispación latente y la convencional tradición cinematográfica hacen temer un desenlace de aquellos, donde el extraño o los más pequeños pudieran ser las víctimas. Por suerte la sangre no llega al río. A diferencia de otras como la mexicana «La zona», que se reclina en el simple morbo, «Una semana solos» se acerca a lo verosímil. Habla, precisamente, de diversas clases de soledad, en edades muy frágiles y formativas, y lo hace con destacable don de observación, sobre todo para los caracteres infantiles y preadolescentes.

El asunto tiene partes de mucho mérito, que propician la reflexión, y varios actorcitos en potencia, empezando por la pequeña Sofía Capobianco, que quizá cuando crezca se dedique a otra cosa, lo que sería una lástima. También es una lástima que la película tenga varios minutos más de los convenientes. Dirigió, Celina Murga, la de «Ana y los otros», joven directora cuya formación, como se sabe, hoy gracias a una beca está bajo la mirada de Martin Scorsese.

P.S.

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