9 de mayo 2012 - 00:00

Pirotecnia por abajo, pero paz arriba entre Cristina y Scioli

Cristina de Kirchner ayer en público con Daniel Scioli; estuvieron el miércoles a solas para mantener la paz entre sus fuerzas. En la foto, junto al intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez, y el ministro Julio De Vido. Fue en la presentación de obras en la localidad de Bernal.
Cristina de Kirchner ayer en público con Daniel Scioli; estuvieron el miércoles a solas para mantener la paz entre sus fuerzas. En la foto, junto al intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez, y el ministro Julio De Vido. Fue en la presentación de obras en la localidad de Bernal.
La pirotecnia bonaerense no es el único oleaje que brinda algún espectáculo dentro del peronismo, pero sí exhibe posiciones que parecen irreconciliables entre tribus que buscan construir poniéndose al borde del abismo, es decir de la disidencia. La presencia el sábado de la ministra Cristina Álvarez Rodríguez -nominada para reemplazar a Hugo Moyano en la conducción del PJ de esa provincia- en el acto de Los Toldos de lanzamiento de la fracción sciolista La Juan Domingo la alejó de la posibilidad de que en el corto plazo pueda convocar al consejo del partido. El kirchnerismo que se alimenta cerca del vicegobernador Gabriel Mariotto le restará los consejeros para que la ministra pueda reunir a la cúpula partidaria, aceptarle la renuncia al jefe de la CGT y oficializarle la presidencia.

Esta confrontación asegura que el partido dormirá un rato largo hasta que alguien de arriba, el propio Scioli o Cristina de Kirchner, habilite una pausa en la pelea y permita esa reunión. Nadie, salvo la ministra que desearía caminar con la chapa de presidente del PJ de Buenos Aires, está muy interesado en forzar los tiempos; si hay algo que molesta a quien gobierna es el partido y sus demandas. Tampoco le conviene al sciolismo promover una cumbre partidaria que, por el enojo del enfrentamiento con el kirchnerismo, desbarate el acuerdo que beneficia a Rodríguez y sus adversarios avancen posiciones en el control del partido.

Scioli sostiene con vehemencia el avance de La Juan Domingo como herramienta de construcción de su proyecto presidencial, pero lo hace sin apartarse de su estilo silencioso y de gestos tácitos, sin discursos ni palabras que permita que lo jueguen desde afuera. Minimiza las diferencias con Mariotto y cuando le piden licencia para matar aconseja prudencia y no apartarse de los temas de gestión. «Hablo con Cristina lo que tengo que hablar, que son los asuntos de la administración, y está todo bien», repite. Se refiere así a la reunión que mantuvo el miércoles en la Casa de Gobierno con la Presidente de la que salió optimista sobre la fortaleza de la alianza entre los dos. Remite al «buen resultado» de esa cita, que ocurrió horas antes de que el Congreso votase la ley de expropiación de acciones de YPF, trámite que manejó en la Cámara uno de los hombres que tienen como proyecto sucederlo en la gobernación, Julián Domínguez (ver nota en pág. 9).

Con esa referencia a sus charlas a solas con la Presidente, Scioli llama a los suyos a que lean sus labios y que no esperen pronunciamientos que permitan escaladas verbales con quienes no lo quieren, como el expiquetero Luis DElía, que fatiga el Twitter descalificando al gobernador con términos que no usan ni sus opositores políticos más duros. Se afirma en un clásico de su alianza con los Kirchner, que es mucho más firme de lo que los protagonistas admiten. Son distintos en todo, huelen, visten y saben distinto, tienen ideas contrarias en la mayoría de los temas, quizá no querrían que al otro le fuera tan bien como le va. Pero en cuanto a proyecto político nunca han manifestado diferencias de fondo. Fueron juntos en elecciones ganadoras (2003, 2005 y 2007) y también perdedoras (2009), pero ni la mala fortuna quebró la alianza más fuerte que hay hoy en la política criolla.

Por eso, cuando le escuchan que le fue bien el miércoles pasado en su reunión con Cristina de Kirchner, sus «principals» respiran aliviados y le ponen sordina a la confrontación. De la solidez de esa relación surge la tranquilidad con la que va todo el Consejo Nacional del PJ el viernes 18 al Chaco a votar la prórroga de los mandatos de la cúpula que vencen en junio hasta marzo del año que viene. Eso lo afirma a Scioli como presidente del PJ hasta esa fecha, que es cuando, con menos pirotecnia pero más estruendo, el peronismo empezará a hablar de candidaturas 2015.

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