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PJ en ebullición: un pacto fallido, el K preferido y purismo flexible
• Efectos de una juntada sigilosa.
• Berni, sorpresa numérica y candidato de todos.
• Las citas K se ponen menos rígidas.
Después de la junta secreta con gobernadores K y De la Sota en La Plata que terminó entre reproches, Daniel Scioli se dio una ducha de peronismo en Punta Alta. Jorge Capitanich cerró plenario de UyO en La Plata, mientras que en cúpula neocamporista posó un sciolista.
Sólo la ingenuidad -que uno imagina ausente en la sangre de esos operadores veteranos, con varias pieles- podría explicar que hayan arriesgado el castigo severo de Olivos para entregarse a una cruzada, la de reconquistar a De la Sota, que antes de la cena se consideraba improbable y después imposible y, quizá, indeseada.
Amigos
A Fellner, Insfrán y Mazzón, invitados por el anfitrión Scioli, la expectativa le duró segundos porque apenas los saludó, De la Sota dijo que como eran "amigos", les avisaba que el destino del peronismo K estaba perdido y que debían, pronto, emigrar con un destino mejor. No es, claro, que no puedan pensar esa variable los peronistas, gobernadores o no, pero l inquietante fue que llegaron a la cena para tratar de pactar el regreso de De la Sota y fue el cordobés quien se ofreció como balsero que podía conducirlos al otro lado. Hubo, claro, referencias a la situación económica a un sabido malestar del peronismo sobre el rumbo de la economía pero, gente experta en el diálogo ultraterreno, es lo que hablan más o menos siempre que se juntan dirigentes con algún nivel de responsabilidad.
Hasta ahí, más allá del desencuentro, nada distinto porque, al menos los peronistas que están dentro del dispositivo K suponían que el fracaso de la negociación no implicaría la difusión de una cumbre que, conocida la sensibilidad de Olivos, podría resultar dañina.
Scioli quedó golpeado por el tropiezo -en La Plata dejaron trascender su malestar, algo poco usual- porque se cae una de las teorías que sostiene la hipótesis del triunfo: la sumatoria de todo el peronismo posible en un formato panperonista que exceda al kirchnerismo.
La tesis de que el PJ, al final, entenderá que dividido se desliza hacia una inexorable derrota es compartida por casi todo el corpus de la dirigencia peronista, sobre todo del interior, que ensaya formatos de salvación general pero, llegado el caso, practica variables de supervivencia propia.
Así como Fellner quiere reinstaurar la ley de lemas para evitar dividir el voto con Milagro Sala y José Alperovich ensaya un casi impracticable ensamble de su elección de gobernador con la PASO presidencial para dividir el voto opositor, en la provincia de Buenos Aires irrumpió la sorpresa numérica de Sergio Berni, a quien quieren como su candidato a gobernador los dos presidenciables que mejor rankean: Scioli y Florencio Randazzo. El secretario de Seguridad se convirtió, según la encuesta de un consultor que consume el peronismo, en la figura con más presente y futuro electoral en la provincia (excluyendo a Randazzo) del planeta K. Berni, claro, dice que no es (ni será) candidato porque adhiere al teorema Boudou que sostiene que cualquier figura con buenos índices se vuelve, de inmediato, en un enemigo para propios y extraños.
Berni tiene, de hecho, una pacto para "caminar" juntos con Diego Bossio, pero los últimos episodios le dieron más protagonismo y visibilidad al secretario que se declara no candidato, que al titular de ANSES que se mueve, hace semanas, con agenda de postulante. En ese esquema aparece, también, Randazzo como parte de una triada para armar una pata K en la provincia enfrente de Scioli.
Berni se volvió atractivo para el PJ ortodoxo -que se reunió, mermado, en Punta Alta convocado por Fernando Espinoza-, no sólo porque explora discursos próximos a los del baronazgo conurbánico en particular en temas de seguridad y antipiquetes, sino por la razón ideológica más poderosa de todas: mide y parece ser competitivo contra Martín Insaurralde, el exhijo pródigo que decidió abandonar la familia que lo protegió.
Pero Berni genera cortocircuitos en Unidos y Organizados (UyO), y en La Cámpora por sus posturas y actitudes. Ese núcleo, sin embargo, parece haber flexibilizado ciertos parámetros: en La Plata, convocados por Florencia Saintout, recibieron a Jorge Capitanich que no es K puro como Carlos Zannini -a quien se atribuye el deseo de ser gerente político de UyO- y a Julio Alak, mientras que en otro plenario, en Almirante Brown, Andrés "Cuervo" Larroque y Eduardo "Wado" De Pedro, compartieron escenario con el sciolista Mariano Cascallares.


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