Planean reflotar al destructor Trinidad

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En el muelle pueden observarse líneas de manguera y grandes bombas de achique que extraen agua sin interrupción. El destructor ARA Santísima Trinidad yace de costado, apoyado en el fondo barroso de la Base Naval de Puerto Belgrano y espera volver a la vida tras la trabajosa operación de reflotación que está en marcha. El Servicio de Salvamento y Buceo de la Armada, un puñado de buzos, ingenieros navales y técnicos, está a cargo de las maniobras de resucitación del destructor que fue la nave comando durante el asalto anfibio que inició la recuperación de las Malvinas en 1982. Antes de iniciar las tareas de extracción de agua de mar, los buzos verificaron la posición del navío y que estuviera en equilibrio es-table asentado en el fango. El procedimiento se inició previa autorización y conocimiento del comandante de la Flota de Mar, contraalmirante Julio Graf, quien está a cargo del sumario que ordenó instruir el ministro de Defensa, Arturo Puricelli. El ministro había impartido órdenes estrictas en cuanto a quiénes debían ingresar a la zona donde ocurrió el siniestro con el objetivo de preservar el escenario y las pruebas. El funcionario en declaraciones públicas no descartó un sabotaje, apuntó a desidia en la guardia encargada de verificar la estanqueidad del navío. Me parece muy raro que un buque que está desactivado pueda hundirse en cuestión de horas, había señalado Puricelli. La teoría del sabotaje se fundamenta en que las compuertas y escotillas de los distintos compartimientos del buque podrían no haber estado cerradas, lo que habría favorecido el ingreso y la acumulación de agua en el interior del destructor, sin que la guardia lo corrigiese.

El 29 de enero Puricelli hizo una visita sorpresiva al navío, lo acompañó el jefe de la Armada, almirante Daniel Martin, y cuatro ingenieros de Tandanor. Los ingenieros se organizaron en un grupo de tareas que se reúne a diario en una oficina del astillero estatal a resguardo de miradas ajenas.

Reflotar el Santísima Trinidad no es cosa fácil ni barata. El casco vaciado de sistemas y mecanismos; no hay máquinas de propulsión, ni auxiliares, ni mobiliario, tampoco cocinas ni camas, ni equipos electrónicos, muchos menos sistemas de armas; está ocupado por toneladas de agua de mar (se estiman más de 2.500) que ingresaron sin que se conozca la causa fehaciente. Apenas aflora algo de su estructura, no se hundió por completo porque reposa en una zona de bajo calado, unos cinco metros de profundidad. El procedimiento para reflotar comprende la extracción del agua, inyección de aire comprimido, romper el efecto de succión del fango sobre el casco, apuntalado de la estructura y la ayuda vital de una grúa flotante de gran capacidad, la única en el país es la Magnus VI, que fue contratada durante la gestión de Nilda Garré para retirar cascos hundidos del puerto marplatense. Tandanor la utilizó en la colocación de los motores del rompehielos Irizar de más de 125 toneladas de peso y también en la instalación de la chimenea del rompehielos. La cifra que se gastará en toda la opera-ción es tan secreta como los conciliábulos de los ingenieros de Tandanor y la actuación de Justicia para dilucidar por qué zozobró el destructor amarrado a muelle. Fuentes vinculadas al quehacer marítimo arriesgaron la friolera de 5 a 10 millones de dólares, se entiende si la operación es ejecutada por un privado. El destructor Santísima Trinidad corre con una ventaja relativa, la mano de obra la pone el Estado (los contribuyentes), el único privado a contratar será el servicio de la Magnus VI y su tripulación de 12 hombres.

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