Periodista: ¿Cómo ubica esta obra en el contexto de la producción de Rameau y también del teatro contemporáneo a su estreno?
Pablo Maritano: Desde su escandaloso estreno para una ocasión nupcial hasta su posterior éxito en los teatros, la obra no conoció medias tintas. Es una obra de género cómico en su totalidad, toda una rareza en la era de la tragedia lírica, y en el papel de la Locura Rameau nos presenta su autorretrato como músico. La Locura pone en sentido (y no en sinsentido, como un espectador inadvertido podría pensar) a la música misma, que toma la palabra: "Admiren todos mi célebre arte".
P.: Pese a su raíz mitológica (o gracias a ella) "Platée" muestra conflictos y temas que no perdieron vigencia. ¿Cómo plantea su régie para que aquellos lleguen al espectador contemporáneo?
P.M.: Es importante entender que el uso de figuras mitológicas para la construcción de argumentos es un recurso metafórico con el que se enmascaran "tipos" humanos claramente identificables, y que no son modelos literales o abstractos. Si bien es posible elegir entre la fantasía, y un sentido concreto y ácido del teatro, los dioses aquí se nos presentan irremediablemente humanos en su crueldad, su mezquindad y su burla. Son la corte, pero también son la elite bienpensante, sofisticada que desea confirmar sus principios de familia y sociedad. Platée, la ninfa grotesca y maleducada que se cree irresistible nos plantea de una manera muy cándida un paradigma estético que debe haber resultado difícil de digerir para su época. Su irreverencia y desubicación muestran el carácter escéptico con el que el barroco observa a las reglas, sean teatrales o musicales, y lo dispuesto que esta como movimiento a poner estas reglas a prueba, aun en el siglo de la razón: lo feo choca con el mundo de las maneras y la sofisticación.
P.: ¿Cómo está planteada entonces su propuesta?
P.M.: Es este carácter contestatario el que elegimos enfocar para nuestra puesta; un poco en el espíritu de la legendaria Divine, musa inspiradora de John Waters, nuestra Platée será tanto cándida como grosera, y será observada con asombro por el séquito de dioses, para luego ser adorada como objeto de consumo por los medios. Su autenticidad como personaje es equivalente a la originalidad de la obra.
| Entrevista de Margarita Pollini |


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