14 de enero 2013 - 00:00

Poda en presupuesto británico agita las fantasías de guerra

Margaret Thatcher
Margaret Thatcher
El Ministerio de Defensa británico prepara un plan de contingencia dirigido a prevenir un ataque por parte de la Argentina contra las Malvinas a la luz del referendo que se celebrará en marzo sobre el estatus político de las islas, publicó ayer el diario The Sunday Telegraph. La versión surge en medio de conversaciones políticas en el Reino Unido sobre el ajuste a las fuerzas armadas y su impacto en el poderoso aparato militar industrial, por caso el grupo BAE Systems.

El 9 de enero la Cámara de los Lores debatió la magnitud, configuración y equipamiento que deberían tener las fuerzas armadas del Reino Unido para enfrentar conflictos actuales y futuros.

En la versión taquigráfica a la que accedió este diario, se lee que uno de sus miembros, Lord Empey (UUP, acrónimo de Ulster Unionist Party, en castellano, Partido Unionista del Ulster) interroga al Gobierno de David Cameron acerca de la potencialidad del brazo armado inglés.

Desde su asunción en 2010 el premier británico lanzó una lucha por controlar el déficit fiscal en medio de la crisis económica que se extendió en la UE desde la debacle de Grecia.

El sector de la defensa, universalmente el más caro para las cuentas públicas, fue el primer blanco del ajuste de Cameron y esa iniciativa generó la reacción de los halcones con señalamientos de la vulnerabilidad en que quedaba el Reino Unido.

El legislador Empey criticó los drásticos recortes y en un pasaje de su reciente exposición dice: «Todos recordamos que la decisión de ahorrar sumas insignificantes en el Atlántico Sur en 1982 (se refiere a la reducción del poder naval de la Royal Navy que había lanzado Margaret Thatcher) le costó a este país que la Junta (Militar) argentina percibiera que no éramos serios en la protección de las Falklands» (Malvinas). «¿Qué mensaje estamos enviando ahora cuando somos incapaces de desplegar adecuado poder aéreo embarcado?»

Lord West (laborista) dijo: «Desde que me incorporé a la armada hace 48 años, nuestros militares han sufrido, año tras año, recortes en presupuesto y en número de efectivos. El poder militar no tiene la capacidad que la gente de nuestro país espera de él. Nuestra nación está en camino al peligro a menos que incrementemos con urgencia el presupuesto de defensa».

Alan West
es almirante retirado, accedió a la Cámara de los lores en 2007, fue titular de la Armada británica entre 2002 y 2006. Su carrera exhibe la peor experiencia que puede tener la vida de un marino de guerra: el hundimiento del buque que comandaba, la fragata HMS Ardent, destruida en 1982 en el Atlántico sur por bombas de aviones A4-B Skyhawk de la Fuerza Aérea Argentina. Ya había ganado prensa en 2011 cuando sugirió el envío de un submarino nuclear en respuesta a la decisión del Mercosur de impedir el ingreso a puertos locales a los buques que enarbolaran el banderín de Malvinas.

La noticia del matutino Telegraph coincide además con el clima de duda sobre si los dos portaaviones que construye el grupo BAE Systems serán parte de la flota de la Royal Navy. El cuantioso proyecto busca dotar a la Armada de dos navíos de última generación de 280 metros de eslora y 65.000 toneladas de desplazamiento, con capacidad para proyectar aviones cazas polivalentes F-35. El primero, denominado HMS Queen Elizabeth ya tomó forma en las gradas del astillero pero hay planes para que el segundo de la serie llamado HMS Prince of Wales, sea vendido a otro país, opción resistida por la marina británica y sus aliados políticos. BAE, el holding que concentra en exclusividad los contratos de la Royal Navy pasa por un momento económico difícil a consecuencia de la poda en el presupuesto de la marina inglesa. Buscó otras alternativas en sociedad con la Royal Navy, entre ellas logró tentar a la Armada brasileña con la venta de 4 destructores, iniciativa que colisiona con la política de solidaridad con la causa Malvinas sostenida por la presidenta Dilma Rousseff.

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