3 de julio 2014 - 00:00

Postales vivas de cuando el cine argentino era elegante

Horace Lannes,  uno de los mayores diseñadores  en el cine y el teatro argentinos, habló durante la inauguración de su muestra en el Museo de Arte Decorativo.
Horace Lannes, uno de los mayores diseñadores en el cine y el teatro argentinos, habló durante la inauguración de su muestra en el Museo de Arte Decorativo.
 "Es vestuario para cine" definió de entrada el anfitrión, de riguroso traje oscuro, como debe ser cuando la cita es a partir de las 7 de la tarde. Como para que quede claro que si bien el interés por las muestras de moda en los museos ha crecido en el mundo en las últimas décadas, esto es otra cosa. Horace Lannes habló desde una tarima alfombrada de rojo, con una prestancia que no delata su biografía iniciada el 14 de setiembre de 1931.

Tenía enfrente a un auditorio de todas las edades que colmó el Gran Hall del palacio Errázuriz, hoy sede del Museo Nacional de Arte Decorativo, inspirado en los grandes salones de la Inglaterra de los Tudor. En la primera fila, los amigos de siempre: Mirtha Legrand, de tailleur rosa, flanqueada por Héctor Vidal Rivas; la "signora" Rosina de Corradini, que sigue al frente de su maison, espléndida con un "deux pièces" negro, muy Chanel, acompañada por su hija Flavia: "La más elegante, con perdón de todos los presentes", sentenció el orador. Completaban la línea de sillas tapizadas en pana roja, Naty Astudillo, del Museo, la periodista Juana Patiño, los diseñadores Gino Bogani y Fabián Zitta; Armando Barbeito, emblemático productor de los Almuerzos de Mirtha Legrand y el actor Guido Gorgatti.

Una vez que agradeció a las autoridades del INCAA y del MNBA, y especialmente a Elizabeth Lorna Boote que apareció "como el Hada Madrina del Mago de Hoz" para concretar la muestra- Lannes contó cómo fueron sus primeros pasos en este escenario donde el desafío es potenciar la estética de grandes directores y de sus estrellas bajo los reflectores. Se trata de "hacer que los vestidos expresen lo que las palabras callan", dijo. Y se tomó un momento para recordar su infancia en el barrio de Flores: "Llegué al cine por el amor de mi mamá al cine y sus estrellas. De chico mi premio consistía en ir todos los días a ver películas, leer libros de cuentos e ilustrar sus historias. Todo eso fue mi formación autodidacta, junto con libros como Le Cinéma Nôtre Métier, de Jacques Feyder, y otros del género como los de Annenkov". "En mi viaje de egresado a Roma (en 1950) conocí a mi hada madrina, Alexis de Arancibia quien, de regreso a Buenos Aires, me acercó a un concurso de diseñadores para vestir a Zully Moreno que en ese momento estaba en el cenit de su carrera".

Así, con 20 años hizo un maravilloso vestido para la protagonista de La Mujer de las Camelias, estrenada en 1953: "Ese vestido no está en esta muestra porque ella tenía 53 centímetros de contorno de cintura y 46 de largo de talle y no conseguimos un maniquí de esas medidas". Luego lo contrataron para otras películas -"Fantoche", "Los Guerrilleros", "Humo de marihuana", "Deliciosamente amoral", "Había una vez un circo", por nombrar algunas-. Y Luis César Amadori, que era dueño del teatro Maipo, decidió que fuese el diseñador del vestuario de las vedettes. Lo que siguió fue mucho trabajo (más de 80 producciones teatrales, 100 películas (muchas de la época dorada del cine argentino) y casi 40 premios nacionales e internacionales.

Y lo mejor estaba allí, escoltado por la maravillosa boisserie de este palacio de la belle époque: el público empezó a circular para verlo, invitado con una copa de vino, cerveza o agua saborizada. María Kodama, igual a sí misma; Elsa Serrano, para quien no parece pasar el tiempo; Roberto Devorik :"Me dijeron que hay un sombrero de mamá" (la dueña de la famosa casa Saint-Félix), Juan Cruz Bordeu , informal y con su niña aupa, Gloria César -con su cabello gris "au naturel"-, Mariana Dappiano -toda sonrisa y rulos negros- y el siempre elegante Fabián Medina Flores, reconocibles entre una marea de rostros que llenaba el lugar.

En el Salón Madame, donde hace un siglo la señora Josefina de Alvear y Errázuriz habrá contestado su correspondencia, los visitantes se encontraron con un espléndido vestido rosa que lució Lolita Torres en "Joven, viuda y estanciera" (1970); otro muy bordado que usó Libertad Lamarque en "La sonrisa de mamá" (1972). En el Salón de Baile no se oía música; sí murmullos de admiración frente a modelos que evocan a actrices y actores que cubren más de medio siglo del cine y del teatro argentinos. Están el vestido de Susana Campos en "Así es la vida" (1977), el rojo que usó Susana Giménez en "Yo ambién tengo fiaca" (1978), un vestido para Susana Traverso en "Los reyes del sablazo" (1983), uno magnífico que llevó Alicia Bruzzo en "Pasajeros de una pesadilla" (1984) , hasta el negro, ominoso en su desmesura, que sólo pudo ser para Isabel Sarli en "La dama regresa", de Jorge Polaco (1996).

En el Jardín de Invierno los visitantes se detenían en los vestidos creados para Laura Novoa, Inés Estévez, Norma Aleandro, Leticia Brédice y Adrián Navarro en la película "Ay Juancito!" dirigida por Héctor Olivera en 2004. La mención de Leticia Brédice, a quién le dedicó un strapless morado intenso, resulta especialmente inspiradora para incorporar rasgos contemporáneos en un vestidor que, como sea, pertenece a una historia que tiene más de cincuenta años. Aquí y allá, sastrería que vistieron desde Duilio Marzio a Rodolfo Bebán, Palito Ortega, Sandro y Ricardo Darín, con sus correspondientes identificaciones. También el traje que usó Edgardo Nieva en "Gatica", cerca de un frac correctamente etiquetado que, a los más leídos, los hizo levitar hasta aquel "Manual de perdedores" de Juan Sasturain: "... a encontrarse con el medio perfil de Carlos Thompson impecable en su frac junto al teléfono blanco...". En tanto en las vitrinas, sombreros y tocados usados por actrices y actores en diferentes papeles a lo largo de todo ese cine argentino que le tocó bocetar.

Al entrar al Salón Comedor, los ojos se iban hacia el vestido de encaje, perfecto para aquella Mirtha Legrand de "Sábado a la noche, cine" (1960) contrastando con ese tan goyesco que usó Tita Merello en su papel de "La Madre María" (1974). Frente a los vestidos, los memoriosos reflotaban anécdotas de las actrices de la época de oro del cine argentino, que supieron lucirlos y desafiar con ellos las luces y las limitaciones tecnológicas en honor a la magia del cine: Zully Moreno, Silvia Legrand, Nelly Omar, Susana Campos, Mercedes Carreras, Graciela Borges, Virginia Luque, Alicia Bruzzo, Leonor Benedetto, Libertad Leblanc...

De su paso por el teatro también hay una documentación importante y Lannes destaca su aprendizaje en la revista porteña de otros tiempos, donde sugerir sin mostrar era un desafío constante. Zulma Faiad y Susana Giménez son las que más lucieron sus creaciones. De Susana se puede ver el traje dorado que usó en su papel de Molly Brown (1991); espléndido y al cuerpo, símbolo de una época. Otro imperdible, el traje de Sandro en "Tú me enloqueces" (1975), con una exuberante cadena dorada. Como dice Lannes, "importaba más lo que llevaban puesto que lo que decían" y las chicas pegaban en las paredes de su habitación las fotos de las actrices vestidas con esos trajes para imitarlos. El acierto estuvo en que si bien los vestuarios seguían la línea de Hollywood y sus musas Greta Garbo y Marlene Dietrich (que, vestida por Travis Banton, fue una gran inspiración para Lannes) él supo adaptar ese estilo a las líneas más amables del ADN argentino con sus curvas latinas.

Y la visita al subsuelo sirve para legitimar, si cabe, todo lo demás: Figurines que no desestiman ningún género y se acercan tanto a los teléfonos blancos como se animan a las orillas, que arrancan a mano alzada para Tania, Sofía Bozán, Aida Luz, Amelia Bence o Inda Ledesma, entre tantas figuras, y se extienden en un testimonio de sesenta años de trabajo incesante de un mundo de ilusión que sólo se sostiene con talento y más ilusión. La muestra puede visitarse de martes a domingos, de 14 a 19, en el Museo Nacional de Arte Decorativo (Av. del Libertador 1902, Ciudad de Buenos Aires). Las visitas guiadas se realizan, de martes a domingos, a las 17.30 y los sábados y domingos, a las 14.30. Los martes, la entrada al Museo es gratuita.

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