11 de marzo 2009 - 00:00

Precalienta Moreno por si fracasan nuevas reuniones

De concretarse, la reunión del próximo martes a las 14 en el Ministerio de Producción será la última entre el Gobierno y la Mesa de Enlace, al menos en ese día, horario y lugar. Así lo decidieron ayer Cristina de Kirchner y Florencio Randazzo, después de terminado el encuentro con los cuatro referentes del campo; y donde, según la visión oficial, los dirigentes hicieron declaraciones públicas más duras que las expresiones dentro del evento.
La mitad del encuentro de ayer con Hugo Biolcati (SRA), Carlos Garetto (Coninagro), Mario Llambías (CRA) y Eduardo Buzzi (Federación Agraria), se pasó repasando las resoluciones aparecidas el lunes en el Boletín Oficial. Según les dijo Débora Giorgi, estas medidas fueron redactadas en tiempo y forma, con funcionarios de varias carteras trabajando a destajo para llegar a complacer a los representantes del campo. La idea del Gobierno era la de mostrarles a los dirigentes de la Mesa de Enlace, que cumplían la palabra comprometida por Cristina de Kirchner el martes de la semana pasada, y que las negociaciones del Gobierno eran de «buena fe».
La falta de reconocimiento de la Mesa de Enlace de estos aparentes gestos oficiales terminó por agotar a los escuchas de Olivos. El vocero de la situación fue, nuevamente, Randazzo, que desde temprano empezó a embestir contra la Mesa de Enlace mostrándose «sorprendido» por las críticas de la dirigencia agropecuaria a pocas horas de un nuevo encuentro con el Gobierno. Pidió abiertamente a la Mesa discutir sólo en el ámbito de los encuentros del Ministerio de Producción, y recordó nostálgicamente que «la sociedad está buscando que nos pongamos de acuerdo». Dijo que no quiere «creer» que el agro ahora critica al Gobierno porque el Ejecutivo se negó a discutir una baja de retenciones, y reflexionó preguntándose: «¿Entonces el problema era la soja?».
El mal clima generado antes de la reunión de ayer, sumado a las declaraciones de la Mesa llamando para la protesta y movilización de mañana, algo que fue interpretado como un grito de guerra desde Olivos, provocó la decisión de terminar el próximo martes con el cronograma de reuniones periódicas para ese día en las semanas venideras.
En realidad, la decisión de acabar con los encuentros de los martes venía dando vueltas desde la semana pasada. En Olivos se interpretó la presencia de la Mesa de Enlace en el encuentro de Theobald, a los movimientos de algunas provincias de los denominados «autoconvocados» y a las declaraciones de los representantes agropecuarios como «una lógica perversa» de la que el Gobierno debe escapar. Esto es, acordar el martes en los encuentros de Producción, escuchar luego una conferencia de prensa de la Mesa de Enlace criticando al Gobierno seguido de reuniones abiertas y públicas durante el resto de la semana de los cuatro referentes (más De Angeli) con los dirigentes opositores. Luego, la semana empieza con el Gobierno apurándose para reglamentar rápidamente lo acordado para evitar que se considere que se negocia de mala fe. Pese a esto, para el Gobierno, luego se deben escuchar las embestidas de la Mesa desde el lunes temprano y hasta el martes a las 14, en la puerta misma del ministerio que dirige Giorgi, con los cuatro dirigentes hablando y criticando al Gobierno mientras los persiguen las odiadas por Néstor Kirchner cámaras de televisión, móviles radiales y cronistas gráficos.
«Este es un cronograma que inventaron los representantes del agro y que nosotros terminamos adoptando sin más. Vamos a terminar con esto. Nos reuniremos seguramente el próximo martes, pero después, el día y la hora lo determinaremos nosotros según nuestros tiempos», aseguraba una alta fuente presente en la reunión de ayer.
Podría haber otra cuestión que provocaría que incluso la reunión del próximo martes 17 de marzo tampoco se haga. Ese día la oposición quiere hacer ingresar en la Cámara de Diputados el proyecto unificado de reducción de retenciones a las exportaciones de soja. En esa jornada, si esto sucede, el Gobierno estará concentrado con el jefe de bancada oficialista Agustín Rossi, para que no haya quórum; lo que de conseguirse será la última declaración de guerra desde el Gobierno a la Mesa de Enlace, lo que dará inicio a una nueva etapa en la batalla entre el Ejecutivo y los representantes del agro.
Agazapado desde Olivos, Néstor Kirchner espera paciente ver cómo evolucionan las negociaciones entre Randazzo, Giorgi y el campo. Si para el martes próximo continúa la contienda verbal mediática, el ex presidente ya tiene a punto su arma letal: el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, tiene en carpeta una batería de medidas para implementar con su eficacia y métodos conocidos y sólo espera un guiño positivo de su único jefe.

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