9 de julio 2010 - 00:00

Presentan ONG que fomenta integración

En el lobby del hotel cinco estrellas, un variado grupo en el que se mezclan mujeres tocadas con el «chador» musulmán con otras que exhiben en sus cuellos estrellas de David, aguardan el micro que las llevará a recorrer la ciudad. En el lobby bar, David Marcu, CEO de la ONG Israel Elwyn, explica que en su país todas las entidades «son integradas; no hay diferencias entre musulmanes y judíos». Específicamente, la que encabeza Marcu se dedica a entrenar, colocar y mantener en sus puestos de trabajo a personas con capacidades diferentes.

El ejecutivo vino a la Argentina para cooperar con el lanzamiento de una entidad «hermana», IDEL, que funciona bajo el paraguas de la Fundación Judaica. Según explica su presidente, Jaime Kleidermacher, ya tienen «medio centenar de personas trabajando en empresas locales, entre ellas, ASSA, Deli Light (que fabrica los alfajores «chocoarroz»), la escuela Arlene Fern y las florerías La Mejor Flor, entre otras». Kleidermacher agrega: «Obviamente, no todos nuestros trabajadores son judíos».

En Israel, la fundación Elwyn es financiada en un 100% por el Estado; en cambio, IDEL sólo cuenta con donaciones de sus benefactores; en ningún caso les cobran «fees» a las empresas por los trabajadores que les proporcionan. Marcu explica que el modelo nació hace más de 150 años en Estados Unidos, y fue imitado en Israel y en otros países (ahora, la Argentina).

«Nosotros proporcionamos la capacitación, que dura cuatro meses, para ver qué les gusta y qué hacen mejor (no siempre coinciden); les encontramos empleo y los asistimos con un job coach (mentor) que lo acompaña durante un tiempo en su lugar de trabajo. Después hacemos seguimiento, porque puede suceder que algún tema puntual (un ómnibus que no llega, un cambio de jefe, etc.) los perturbe, y lo solucionamos», dice el israelí.

Ambos dirigentes admiten que en los primeros tiempos fue difícil convencer a los empresarios de contratar esta clase de empleado, pero ahora casi no dan abasto. «Son leales, puntuales y nos les molesta hacer tareas repetitivas, que a otra clase de persona hasta le parece que no conllevan reconocimiento alguno. Además, en la Argentina hay un descuento del 50% sobre los aportes patronales», agrega Kleidermacher. «No se trata de beneficencia: son excelentes empleados que devuelven con creces lo que se les paga», agrega Marcu.

Ambas entidades trabajan con discapacidades sensoriales (no videntes, sordos) e intelectuales. En el primero de los casos, asegura Kleidermacher, «en Assa hay varios programadores con dificultades de audición, y son excelentes».

La delegación fue acompañada por el viceprimer ministro de Acción Social, Avner Zaken, que asistió a una comida para reunir fondos el miércoles a la noche en Puerto Madero.