Problema: una vez que estatiza, Chávez no sabe cómo gerenciar

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• Nombra a amigos al frente de empresas y concentra todo en Caracas.
• Se acumulan stocks y gana la parálisis

Puerto Ordaz - Si existiera un «Diploma al Mal Gerenciamiento y la Ineficiencia», el chavismo debería llevárselo por lo que hoy es Puerto Ordaz. No pasaron todavía dos años desde que comenzó el proceso estatizador que se engulló las industrias básicas del acero, el aluminio, el hierro y los minerales preciosos, cuando ese atracón ya muestra resultados: el 65% de esa zona industrial bajó la cortina.

«Son las consecuencias de un estatismo salvaje iniciado en mayo de 2008», señala Damián Prat, periodista del diario Correo del Caroni y quien, quizás, más ha denunciado los yerros gerenciales del régimen. «El Gobierno ordena ¡se estatiza! pero bien podría decir ¡se partidiza!, agrega José Luis Alcocer, economista y coordinador del movimiento sindical Unidad Matancera. Y ejemplifica: «Lo primero que hizo en mayo de 2008 el ministro de Industrias Básicas y Minería y presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), profesor Rodolfo Sanz, fue instalar en los directorios de las industrias básicas estatizadas a sus compañeros docentes, provenientes de otro estado, Miranda».

«Para Alcasa (la empresa emblemática del aluminio), no se les ocurrió nada mejor que ponerla bajo el mando de un sparring de boxeo, entrenador del ministro», dice Alcocer. Si bien duró seis meses en el cargo, alcanzaron para incorporar dos mil empleados más a la planta.

Venalum, otra de las empresas de aluminio, tuvo como primer presidente de la etapa estatizada a César Romero -compañero de estudios de Chávez-, quien llegó a la planta y preguntó «¿dónde quedan las minas de aluminio?», apunta, entre la rabia y la tristeza, Fernando Goyenechea, abogado laboral en Puerto Ordaz.

En apenas veinte meses, la administración bolivariana consiguió romper el proyecto iniciado cinco décadas antes: el de un polo para la industria pesada, ubicado en el sudeste de Venezuela, autosuficiente y, por sobre todo, una alternativa a una economía petróleo-dependiente.

Bajo la égida centralizadora de la CVG se aglutinaron las «empresas básicas» de aluminio (Bauxilum, Alcasa, Venalum), extracción de hierro (Ferrominera), minerales preciosos (Minerven) y acero (Sidor). Todo estaba al alcance de la mano: minerales, insumos y energía. Para abastecerse, se aprovechó la que aportaban los ríos Caroni y Orinoco, se construyeron las centrales hidroeléctricas de Tocoma, Caruachi y Macagua, y se reforzó la del Guri. Esta última provee hoy de energía al 70% de Venezuela.

Pero con la estatización guayanesa, Chávez también quiso tapar un sueño con otro. Creó el Plan Guayana Socialista 2019 y, dentro de él, dos corporaciones: una, que agrupa las empresas del hierro y el acero; otra para la del aluminio. Para terminar, como dijo, «con la corporación de la CVG, del Estado viejo, el burgués, el corrupto, que regaló las empresas a las trasnacionales de gran poder».

Más allá de las nuevas denominaciones o de la retórica, el Plan 2019 centraliza el gerenciamiento en Caracas. Una obviedad, claro, en el caso de cualquier estatismo recalcitrante. Que en el caso del bolivariano también tiene su costado práctico: llevarse la gallina de los huevos de oro a empollar cerca de casa.

«Además de la desprofesionalización del gerenciamiento», dice Alfredo Rivas Lairé, presidente de Sidor cuando fue privatizada (1997) y actual vicerrector de la Universidad Católica de Guayana, «está el componente ideológico». Y describe a esta enviada cómo los aceros planos de Sidor, destinados al mercado colombiano, se apilan en la planta desde que el Gobierno de Chávez empezó a tener relaciones tirantes con el de Álvaro Uribe. En Venalum (aluminio), «se desbordan los patios porque no le quieren vender a EE.UU.», agrega.

«El chavismo carece de visión sistémica del negocio», prosigue Rivas Lairé. Alcocer, economista, aporta un ejemplo de ese desmanejo sistémico en Guayana: «Bauxilum, que produce bauxita y alúmina, componentes fundamentales para Alcasa (aluminio), con esa planta parada, bien podría aprovechar para exportar, pero necesita cal, que a su vez se importa de Colombia». Ahora la traen de México, pero su calidad, inferior, va en desmedro del aluminio de exportación.

La ineficiencia alcanza a otras áreas, como la ambiental. «Para producir alúmina a partir de la bauxita, hay que echar los residuos mezclados con soda cáustica a lagunas, que hoy están rojas (saturadas), y por falta de mantenimiento desbordándose sobre el río Orinoco», explica el biólogo Luis Guzmán a Ámbito Financiero. «Tenemos con esto una fábrica de enfermos ocupacionales», ya que la alúmina con soda cáustica tiene efectos cancerigenos, explica este profesor en la Universidad de Guayana. El Gobierno, que lo sabe desde hace 14 meses, nada ha hecho todavía. «Una contradicción, sobre todo cuando el presidente Chávez fue a protestar por el tema ambiental en Copenhague», termina.

La administración Chávez cuenta, por último, con una aliada estratégica en su cruzada estatizante en Guyana: la crisis energética. «El ministro Sanz dijo que por el racionamiento eléctrico se paraban dos hornos en Sidor», apunta Alfredo Rivas Lairé. «Pero uno de ellos, para producir palanquilla, ya estaba fuera de servicio hacía ocho meses, y el otro, para planchones, desde hacía dos», explica. «No nos engañemos: no están ahorrando energía sino que se excusan en ella para ocultar su inoperancia», cierra.

La crisis en Puerto Ordaz ya se palpa. Por el racionamiento eléctrico, las plantas redujeron su producción diaria de 8 a 5 horas. Mas de la mitad de los empleados fueron enviados a sus casas. Fábricas vacías, chimeneas sin humo, calles desiertas. Se ven, cada tanto, «gandolas» (camiones) atravesadas custodiando los portones de las empresas medianas, las que en su casi totalidad, cerradas, esperan que se reactiven las básicas.

La ecuación es sencilla: por cada empleado en la nomina de empresas básicas hay otro que es contratista y dos más que les prestan servicios. Extraño paisaje, vacío, que deja la «estatización salvaje» en Puerto Ordaz, Guayana.

* Enviada Especial a Venezuela

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